Cristo del Amor Misericordioso


“Uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua”. (Juan 19, 34-35)

 

Esta obra, que se encuentra en la sacristía de la catedral Nivariense, es una de las piezas más sobresalientes que podemos ver en la iglesia lagunera, realizada en 1828 por el orotavense Fernando Estévez, por encargo de Cristóbal Bencomo. En un principio fue colocado en la conocida cruz de filigrana para presidir la sala capitular de la catedral. Su estilo clasicista coincide con la época de madurez del autor. Una imagen que reproduce un esquema anterior que previamente había sido trabajado por escultores barrocos de nuestras islas.

Según muchos historiadores, este Cristo es una inspiración del realizado por su maestro Luján Pérez, el cual se encuentra en la Catedral de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria y data de 1793. Estévez, al observar dicho Cristo, creyó ver todas las soluciones anatómicas resueltas, para unos años más tarde plasmarlo en esta obra suya recordando a su maestro. Aunque para otros muchos historiadores el orotavense se inspira en el Cristo de La Laguna, pues es un Cristo que descansa la cabeza sobre el hombro derecho con una expresión bondadosa, mientras que las piernas se doblan ligeramente hacia la izquierda logrando así un movimiento más clásico. Crucificado que procesiona en una esbelta cruz, tallada por el ebanista Enrique Villalmanzo.

Arrodillada a los pies del crucificado, se ha añadido una hermosa talla de la Magdalena, obra del orotavense Fernando Estévez y que antiguamente procesionaba junto al Señor Predicador, ganando el paso con esta imagen en gracia y elegancia.