Cristo del Buen Viaje o del Rescate



“Jesús, dando una voz fuerte, expiró. Y el velo del templo se partió en dos partes de arriba a abajo. Viendo el centurión, que estaba frente a Él, de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”. (Marcos 15, 37-39)

 

Con esta imagen de Cristo crucificado se inician los desfiles procesionales en la ciudad de La Laguna. Una talla, que según nos cuenta el presbítero José Rodríguez Moure, es de las obras más antiguas que desfilan en nuestra Semana Santa, pues no en vano data del siglo XVI y se encontraba primitivamente encima del retablo mayor de la iglesia de la Concepción.

Según cuenta la tradición, el Cristo fue vendido a la iglesia parroquial de Santa Cruz en 1650, pero he aquí que cuando desclavaban al Crucificado del madero, una vecina de la calle la Empedrada oyó decir al Cristo: “rescátame, rescátame”. Enterado el Vicario, ordenó que trajeran de nuevo la imagen de Santa Cruz, no sólo por el relato de la mujer sino porque ésta vendió la pequeña casa donde vivía para comprar el Cristo. Esas palabras de “rescátame, rescátame” fueron las que dieron origen a que se llamara con el nombre del Cristo del Rescate. Se trata de un hecho que no ha podido ser contrastado en ningún documento por lo que se duda de su autenticidad. Además no es lógico que un crucificado de estas características quisiera ser vendido, amén de ser el único con el que contaba la iglesia matriz.

Se trata de una imagen de buena talla adquirida en 1558 por el precio de 10.000 maravedis; ha sido recompuesta en 1754 y según parece es obra de algún taller canario, pues presenta los múltiples rasgos de los crucificados de nuestras islas. Su anatomía, aunque no perfecta, si es destacada, siendo una de las imágenes más importantes con las que cuenta la iglesia matriz. Un paso, que en este V Domingo de Cuaresma está compuesto, además de por el Cristo, por la Virgen de los Dolores, formando entre ambos un hermoso conjunto.