El doctor Franco Cascón bendecirá esta noche la nueva imagen del Señor de la Cañita

El Día

La Hermandad de la Sangre de Cristo es la continuadora de una Hermandad de este mismo nombre fundada por el Adelantado Fernández de Lugo antes de la fecha del Concilio de Trento y que estuvo radicada en la iglesia de San Agustín.

Reconstituida en 1950, fue la primera de esta población que, con hábitos penitenciales, desfiló en 1951 con el “paso” del “Ecce Homo”, popularmente conocido por el “Señor de la Cañita”. Su desfile produjo tal impresión que hizo que, en años sucesivos, fueran apareciendo las Cofradías que hoy existen, y entre todas, en noble afán de emulación y superaciones, a través de la Junta de Hermandades y Cofradías, han revalorizado la Semana Santa lagunera, a tal extremo que hoy puede afirmarse que es la Semana Santa del archipiélago canario, como lo reconocen la inmensa multitud de forasteros que se dan cita estos días en La Laguna para presenciar los desfiles de cada Cofradía y el inigualable de la tarde del Viernes Santo, integrado por todas ellas.

El año 1964 marca un hito trascendental para la Hermandad de la Sangre. En el incendio del templo de San Agustín, ocurrido el 4 de junio, perdió su imagen titular, el “paso” y todos los enseres del mismo. Este tan inesperado como doloroso suceso no hizo decaer el entusiasmo de los cofrades; antes bien, con objeto de no restar brillantez a nuestra Semana Santa, la Hermandad se propuso rehacer todo lo perdido y hoy tiene la satisfacción de anunciar que desfilará este Miércoles Santo, con su nueva imagen del Señor de la Cañita, haciendo su salida de la Parroquia de la Concepción.

Quiere la Hermandad, en esta ocasión, expresar su más profundo agradecimiento a los generosos donantes de la imagen, de su manto y cordón de oro, del terno procesional, de la bandera-insignia y demás valiosas piezas del trono; a los ejecutores del “paso”, al escultor y al artífice de las cenefas de plata, por el interés y afán con que han realizado la obra encomendada, y a cuantos de una forma u otra, han contribuido a que nuestra procesión no faltara en la solemne Semana Santa lagunera de 1965.

Finalmente, esta Hermandad se complace en invitar a las autoridades, Hermandades y Cofradías de la ciudad, y a los fieles, a la bendición de la imagen del Señor de la Cañita y de su “paso” por el Excmo. y Rvdmo. señor Obispo de la Diócesis, hoy, Miércoles Santo, a las 9 de la noche, en la Parroquia de la Concepción y al desfile procesional que tendrá lugar a la terminación de la misma.

 

DECLARACIONES DEL ESCULTOR DON EZEQUIEL LEON

 

Este improvisado taller de escultor, en el granero de una vieja casa de la calle de Bencomo, de La Laguna, tiene, indudablemente, su sabor. Se llega hasta él por un estrecho escotillón. Hay que atravesar un par de estancias destartaladas. El techo es de pobre artesón. El piso, de tea mal trabajada. Están los ventanales entornados, como en un querer no aislar del todo el taller del mundo de las realidades vecinas. Hay por el suelo, bocetos, vaciados en yeso, trozos de madera, barro. Hay, en una moldura, un pequeño Ecce Homo, que sabemos lo talló el artista a navaja, como recordando sus primeros tiempos. Hay gubias, y formones, y pinceles, y tubos de óleo. Hay, por el suelo, virutas, serrín y unas cajas que bien pueden servir de asiento para el que llega.

En este taller trabaja desde hace varios meses Ezequiel León. Ahora da los últimos toques a su última obra: una espléndida imagen del Señor de la Cañita, que viene a sustituir a la desaparecida en el incendio de la iglesia de San Agustín, de junio del pasado año. La misión encomendada era difícil. Estaban en pugna el natural afán del artista de realizar una escultura conforme a su personal interpretación del pasado evangélico de la presentación de Cristo al pueblo, después de azotado, y los deseos de que la nueva talla recordara a la vieja imagen perdida en el siniestro. Sin duda, Ezequiel León ha logrado la fórmula justa, sin menoscabo de la originalidad que el arte reclama siempre.

 

– Me pareció oportuno respetar la actitud de la otra imagen. Pero, de resto, he trabajado con entera libertad.

Ezequiel León trabaja rápidamente, mientras sostenemos el diálogo.

– Mi tema preferido es Cristo. Sobre todo, en los momentos más dramáticos de su Pasión.

– ¿Por qué?

El artista tiene que plasmar, con la gubia, el misterio del Dios Hombre que sufre y hacerlo llegar directamente al corazón de los hombres.

– ¿Cuántas imágenes ha tallado?

Unas cuarenta. No recuerdo ahora exactamente el número.

– ¿Dónde aprendió a tallar?

Me he hecho casi solo. En la Escuela de Luján Pérez, de Las Palmas, trabajé con don Abraham Cárdenes. Debo también mucho al escultor Márquez.

– De sus obras, ¿cuál prefiere?

– Les tengo cariño a todas. Son mías.

– Cite alguna.

– El Cristo de la Sentencia, de La Laguna, y el Cristo de la Montaña, de Taco.

– ¿Cuándo hizo su primera obra?

– A los dieciocho años. Pero antes, desde los ocho o los nueve, ya esculpía a mi manera. Entonces no sabía lo que era una gubia.

– ¿Dónde trabaja habitualmente?

– No tengo taller, ni discípulo; porque no soy maestro y porque es difícil encontrarlo. Esto tiene que nacer; luego, hay que formarse, aunque cueste mucho.

– ¿Cuál es su mayor ambición?

Necesito entrar en contacto con otros ambientes, viajar y ver muchas obras y cómo trabajan los grandes maestros.

– ¿…?

– Aquí no tengo prácticamente con quien discutir.

– ¿Qué materiales prefiere para su obra?

– La madera y la piedra.

– ¿Qué clase de maderas?

Las duras. Logra uno todo lo que quiere. El secreto está en las aristas.

– ¿De qué madera ha tallado el Señor de la Cañita?

– De abebay.

– ¿Se siente satisfecho con esta obra?

– Sólo puedo decirle que he trabajado en ella con un cariño tremendo. He Hecho todo lo que he podido.

– ¿Qué opina de la escultura moderna?

– Que responde, con toda sinceridad, a las exigencias de nuestro tiempo. Hay obras de ahora realmente extraordinarias. Claro que hay también mucho camelo.

– ¿Por qué le atrae la escultura religiosa?

– Es difícil precisarlo. Pero quizá porque uno puede llegar al alma del pueblo a través de su obra.

– ¿Qué ilusión mantenía sus afanes mientras trabajaba en esta última imagen suya?

– Lo que acabo de decirle.

 

Aquí termina la rápida charla con el escultor orotavense Ezequiel León. Uno sale del taller convencido de dos cosas: de que su anhelo será realidad y de que La Laguna ve enriquecido desde ahora su patrimonio artístico con una talla de gran valor. La Hermandad de la Sangre de Cristo, que ha hecho posible este logro, puede sentirse plenamente satisfecha.

 

Eliseo IZQUIERDO