El origen del Stmo. Cristo de La Laguna y de su devoción (II)

Lorenzo Santana Rodríguez, investigador histórico

Hace ya un año que en estas mismas páginas abordábamos la problemática que desde hace siglos se ha suscitado en torno al origen de la imagen del Cristo de La Laguna[1] y a continuación habíamos pasado a estudiar el origen de su enorme devoción y las razones que la habían ocasionado. Constatamos que había sido una devoción tardía que no cuajó hasta 1587 y que hasta entonces su historia tuvo una serie de hitos que comenzaron en 1576 cuando el Cabildo de Tenerife decidió sacarlo en procesión para recibir a la Virgen de Candelaria, que venía en rogativa a La Laguna. Señalamos como causas iniciales de la devoción las indulgencias obtenidas en 1587 por los franciscanos para su convento de La Laguna y el decidido apoyo del Cabildo.

     Ahora quisiéramos profundizar en las razones que impulsaron al Cabildo a impulsar este culto, que relacionamos con el hecho de que en el convento de las monjas clarisas estaban las hijas y las hermanas de los regidores, por lo cual ese convento atraía poderosamente su atención. Al leer las actas del Cabildo se observa que mientras asuntos tales como el precio de los cereales o la defensa militar de la isla se despachaban generalmente con uno o dos párrafos, el tema de las clarisas, al que continuamente se referían los regidores, ocupa páginas completas. No quisiéramos que esta apreciación nuestra fuera tomada como exageración, por lo que recurriendo a un testimonio imparcial haremos notar que en el volumen de la colección Fontes Rerum Canariarum en que se extractan las actas del Cabildo comprendidas entre los años 1545 y 1549, época en la que se fundó el monasterio de Santa Clara, de las treinta y cuatro páginas de la introducción diez están dedicadas a las clarisas, como claro exponente de la realidad que reflejan las citadas actas[2].

     Habíamos dicho que el 17 de abril de 1587 el Cabildo decidió hacer rogativas a causa de la plaga de langosta que asolaba los campos: …y así será necesario que se hagan dos diligencias la principal acudir a Dios Ntro. Señor con plegarias y procesiones y en ellas se saque el Crucifijo que está en San Francisco…se acordó y mandó que se haga la dicha procesión con el Cristo de San Francisco el domingo que viene y se traiga a Ntra. Sra. de los Remedios en la forma que está acordado…y que esté en la dicha iglesia tres días y cada día se le diga una misa cantada con su plegaria y letanías y que se pregone cómo se hace la dicha procesión para que acuda la gente a ella[3]A partir de esta fecha el Cristo de La Laguna se convirtió, junto con la Virgen de Candelaria, en la figura central de las rogativas organizadas por el Cabildo.

     El Padre Quirós relata el milagro ocurrido con ocasión de esta rogativa, aunque se equivoca en la fecha por dos años: Año de mil y quinientos y ochenta y cinco, siendo obispo de estas islas, don Fernando de Rueda, hubo una grande plaga de langosta, o cigarrones (como llaman los de las islas) y eran tantas, que cubrían la tierra, y asolaban los campos, talando y trazando todas las mieses; y se temía, que si pasaban adelante a los altos, destruirían la tierra, sin dejar cosa alguna en ella. En esta tribulación y congoja acordaron de sacar al S. Cristo en procesión; lo cual hicieron con mucha devoción y lágrimas, pidiendo a Dios perdón de sus pecados, por los cuales entendían les castigaba en esta manera. Llevaron la santa imágen a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Los Remedios, donde suele estar cuando se saca descubierta, con gran número de luces, y acompañamiento de gente; y desde aquel día se levantó la langosta del lugar donde estaba, y a bandadas grandes se fue derecha a la mar, donde se ahogó, y nunca fue más vista. Lo cual se tuvo por evidente milagro del santísimo Cristo[4]. El Padre Quirós comentaba, a propósito de estas rogativas: Y finalmente, los más de los testigos concuerdan, que nunca se ha visto sacar esta santa imagen del santísimo Cristo por necesidad de agua, u otra cualquiera, que no le haya Dios remediado por ella[5].

     Sin embargo, no se produjo tal milagro y tenemos la prueba de ello en las mismas actas del Cabildo. Recordemos que los regidores acordaron el 17 de abril de 1587 sacar en rogativa el Cristo de La Laguna el siguiente domingo, que fue el día 19 de abril. Pues bien, el 27 de abril se reunieron los regidores en cabildo y el licenciado Cabrejas les instó a cumplir la promesa que años antes habían hecho a San Juan Bautista de edificarle una ermita, promesa que habían hecho con ocasión de la epidemia de peste que asoló la ciudad entre 1582 y 1583, pues de ello podía depender el que cesase la plaga de langosta. Pero leamos el acta, de la que por su gran extensión entresacaremos algunos pasajes: …y porque la petición del licenciado Cabrejas toca que pa que cese la plaga que de presente padecemos de langosta conviene se cumpla lo prometido. El licenciado Cabrejas hace relación de sus esfuerzos en la lucha contra la plaga: …y pa reparo y remedio del principio que los cigarrones tuvieron envió por acuerdo de esta ciudad las compañías de ellas por su orden y días apremiando y castigando a los que no iban a matar los dichos cigarrones y visto que iban en crecimiento compelió a en todo el pueblo por pregones yendo personalmente con ellos y luego pa que con más fervor se acudiese a ello con acuerdo de esta ciudad se prometió premio a quien trajese tanta cantidad de cigarrones y se les daba que era a razón de cuatro reales por fanega y viendo que era tanta la muchedumbre que había en el contorno de esta ciudad sin parecer bastasen medios humanos para ello acudió con acuerdo de esta ciudad por proposición suya a pedir se hiciesen procesiones y se dijesen misas y fuesen clérigos y frailes a hacer las ceremonias que la Iglesia manda en semejantes necesidades y se hicieron procesiones generales en las cuales se sacó el crucifijo de Señor San Francisco y ahora se ponga diligencia en esta obra de Señor San Juan pa que con este medio se suplique a Ntro. Señor cese esta plaga como cesó la pasada[6]

     En esta acta constan dos hechos; el primero es que el “crucifijo de Señor San Francisco” salió en rogativa; y el segundo, que la plaga de langosta no cesó. La plaga duró aún más tiempo pues el 13 de mayo siguiente el Cabildo dispuso una romería a Candelaria, en la que fuesen algunos religiosos en representación de la ciudad[7], y el 21 de mayo, ya celebrada esta romería, se nos aclara que una de las peticiones de los romeros había sido …por la langosta que en esta isla es?…[8]

     Queda así probado que el empeño del Cabildo en promover el culto al Cristo de La Laguna no se basaba en los milagros obrados por éste durante las rogativas públicas. Las razones habían de ser de muy distinta índole. Ya hemos señalado la relación afectiva de los regidores hacia las monjas clarisas, con quienes les unían estrechísimos lazos de parentesco, pero esto sólo explica el porqué eligieron esta imagen. Las clarisas habían tenido que dejar el convento de San Miguel de las Victorias para trasladarse a su nuevo convento, donde viven aún hoy en día, y dejaron el Cristo atrás, pero sin desvincularse de él. Puede decirse que el lugar donde más presente está el Cristo de La Laguna, aparte de su santuario, es el monasterio de las clarisas, donde, por poner un ejemplo, se conserva su primitiva cruz de madera, que usaba antes de ser sustituida por la actual de plata.

     Si los milagros no son la razón por la que los regidores sacaban al Cristo en las rogativas, tampoco pueden explicar el porqué estos decidieron sacarlo en procesión en la madrugada del Viernes Santo de 1588, ni explicar tampoco la fundación de la cofradía de la santa imagen a finales de ese año o comienzos del siguiente. Todo esto nos llevó a buscar la explicación en otras causas, que finalmente creemos haber encontrado en dos manifestaciones religiosas, que aunque ya existían de tiempo atrás, experimentaron cambios a finales del siglo XVI, que fructificaron plenamente en el Barroco, durante los siglos XVII y XVIII. Nos estamos refiriendo a la Semana Santa y a las romerías.

     La Semana Santa se había venido celebrando en La Laguna, como en el resto de la isla, desde la conquista, pero solamente se hacían procesiones el Jueves santo y éstas eran de sangre, es de decir, de disciplinantes. Así se refleja en un mandato anotado en 1568 en los libros de la parroquia de Los Remedios: Item mandó que el Jueves Santo cuando salen las procesiones de los disciplinantes salgan temprano a las ocho poco más o menos y que así los clérigos como los legos vayan con toda devoción como se requiere y deben ir[9]

     Para comprender el espíritu de estas procesiones de sangre veamos lo que al respecto se prescribió en 1560 en los estatutos de la cofradía de la Misericordia de La Orotava: Item es constitución y ordenanza que todos los cofrades que así fueren recibidos salgan el jueves santo de la cena en la noche, en procesión y disciplina reconciliándose ante todas cosas unos con otros y perdonándose cualesquier injurias que los unos hayan recibido de los otros porque Dios Nuestro Señor más sea servido, y los pasos y disciplina de aquella santa noche sean a Su Majestad aceptos la cual disciplina y procesión ha de ser en memoria de la pasión de Nuestro Salvador Jesucristo y los cofrades que no tomaren la dicha disciplina por no poder o no tener fuerzas para ello estos tales cumplirán con aceptar los cargos que por el administrador o mayordomo de esta santa cofradía les fuere dado[10]

     En La Laguna sólo tenemos noticia de una cofradía que hiciera esta procesión de disciplinantes durante el siglo XVI, que era la cofradía de la Sangre, con sede en el convento de San Agustín, y que procesionaba con un Cristo crucificado, aunque no compartimos la opinión de Carlos Rodríguez en cuanto que la procesión de esta cofradía haya podido ser la única que se celebraba en la Semana Santa lagunera hasta la aparición de las procesiones del Cristo de La Laguna y de la Virgen de la Soledad[11]. Nos inclinamos más a considerar, a tenor del mandato del año 1568, al que ya nos hemos referido, que en la noche del Jueves santo salían varias procesiones de disciplinantes a la vez, cada una de ellas de una iglesia distinta.

     Pero a finales del siglo XVI se estaba produciendo un cambio en los gustos artísticos y devocionales, que iba a desembocar en el Barroco. La celebración de la Semana Santa evolucionó añadiéndose más procesiones en otros días de la semana, comenzando por el Viernes Santo, y llegando a copar todos los días de la misma. Las procesiones de sangre se mantuvieron e incluso se añadió una nueva con la cofradía de los Nazarenos, fundada en el convento de San Agustín hacia 1611[12], con lo cual este convento, que tenía las dos procesiones de sangre, quedó descolgado de los nuevos aires que por entonces soplaban en el mundo hispano. Las nuevas procesiones se iban a caracterizar, no ya por las penitencias, ni por los azotes que se infringían los cofrades, sino por la escenificación de la Pasión de Cristo, lo que favorecería la proliferación de imágenes articuladas y de vestir, que permitían recrear las escenas bíblicas.

     A partir de las actas del Cabildo explicamos en la primera parte de este trabajo que el Cristo de La Laguna salía del convento de San Francisco en la madrugada del Viernes Santo y a la tarde del convento de Santo Domingo, acompañado por la Virgen de la Soledad. Esta procesión promovida por el Cabildo entre dos conventos y dos cofradías se entiende a la luz de estos nuevos gustos devocionales, pues resulta lógico pensar que se pretendía escenificar la escena del encuentro entre la Madre y el Hijo en la Vía Dolorosa, cuando Cristo iba camino del Calvario con la Cruz a cuestas. Recordemos lo que el Padre Quirós escribió sobre una rogativa en la que participaron la Virgen de Candelaria y el Cristo de La Laguna: …y llegando la S. Imagen de Candelaria cerca de la ciudad, salió a recibirla todo el clero y conventos, y gran multitud de gente acompañando al S. Cristo. Y llegando la S. imagen de la Virgen de Candelaria cerca del santo Cristo, hicieron los que traían sus andas tres humillaciones profundas al santo crucifijo; que es ceremonia muy devota, y que nueve a lágrimas y conpunción: la cual siempre se hace cuando estas dos imágenes se juntan; como yo lo ví el año mil y seiscientos y siete[13]. Esta ceremonia del encuentro también fue adoptada por la cofradía de los Nazarenos, como relata Núñez de la Peña: Tres procesiones salen la Semana Santa desta Iglesia(de San Agustín), la una de Iesús Nazareno, sale el Miércoles Santo por la tarde, y en la Plaça de San Miguel se haze el passo de la muger Verónica, quando limpió el rostro a nuestro Señor, y quando Nuestra Señora le encontró, es muy devoto, y al hombre de más duro coraçón haze llorar[14].

     Al participar en la procesión del Viernes Santo una imagen de un Crucificado y otra de la Virgen, que salían de iglesias diferentes, y cada una de ellas con su propia cofradía, la ceremonia del Encuentro adquiría una gran solemnidad, que es lo buscaban los regidores, muy al tanto de los nuevos gustos que llegaban desde fuera de Canarias. El Cristo de La Laguna sirvió de detonante de este cambio de gustos en la celebración de la Semana Santa, que pronto se extendió a toda la isla, pues los regidores trasladaron estas inquietudes a las localidades donde residían.

     La segunda manifestación religiosa que sufrió cambios a finales del siglo XVI fueron las romerías, pues si bien éstas ya existían experimentaron un gran auge a finales de este siglo. A lo largo del siglo XVI se había asentado la romería por antonomasia, que era la de la Virgen de Candelaria, ya fuera en la romería colectiva del 2 de febrero, o individualmente por alguna promesa en otro día del año, y alguna que otra más de menor importancia, como la de la Virgen de la Consolación del puerto de Santa Cruz. Pero hacia finales de siglo se van a multiplicar todas estas romerías, que alcanzarán gran relevancia, lo que se denota en las frecuentes menciones hechas en los testamentos a las romerías por cumplir.

     Cada localidad de la isla tendrá un lugar al que peregrinarán los vecinos de otros lugares, pues ésta es una de las características de esta devoción, el recorrer una gran distancia; a lo que se une la celebración de una misa en el altar que corresponde a la advocación de la romería, el velar en la iglesia durante todo un día y una noche y otros ritos como el vestir la ropa del santo o el ofrecer el peso de una persona en trigo, por poner sólo unos ejemplos. Los lugares elegidos para hacer las romerías no tienen nada en común, pues ya puede ser un altar en una iglesia parroquial, como el de la Virgen de los Remedios en la parroquia de Buenavista; o un altar en un convento, como el de San Diego del convento franciscano de La Orotava; o una ermita en descampado, como la de Ntra. Sra. de la Paz en La Orotava. Estos lugares y estas advocaciones no guardan ninguna relación entre sí y cada uno de ellos necesita un estudio socio-religioso, como el que ahora estamos afrontando para el caso que nos ocupa, para comprender el porqué de su elección frente a los demás altares e imágenes de sus respectivas localidades.

     El recelo con que la Iglesia veía estas manifestaciones de la devoción popular, al margen de la seriedad y compostura de las celebraciones litúrgicas, nos ha dejado testimonio de cómo se celebraban. Así, en un mandato registrado en 1575 en la parroquia de Los Remedios de La Laguna el visitador dejó bien claro: Item por cuanto es informado que no embargante lo mandado por los prelados y sus visitadores sobre que las personas que van a velar en las iglesias y ermitas de esta isla no coman duerman ni canten no se ha guardado ni guarda de lo cual resulta indecencia al santo lugar en que están mandaba y mandó en virtud de santa obediencia al reverendo vicario de esta isla que de aquí adelante no consienta que ninguna persona coma duerma y cante en ninguna de las iglesias y ermitas de esta isla mandando a los mayordomos de ellas así lo hagan y cumplan el cual dicho vicario no pueda dispensar en ello[15].

     En el sínodo diocesano celebrado en 1629 por el obispo Cámara y Murga los clérigos de Canarias dejaron bien patente su disgusto con las romerías en decretos como éste: Por quanto es justo que en los actos de deuocion no se mezclen profanidades, y somos informados que en las processiones que hazen los pueblos, asi en las santas Letanias como en otras de voto comun, va todo el pueblo en processiones a iglesias o ermitas muy remotas y lexos del lugar a dezir missa y despues se quedan alla a comer en las iglesias o fuera profanamente, y se suelen cometer otros mayores excessos y demasias[16]. Y en este otro: Grandes inconuenientes se han seguido de semejantes velas de noche, de suerte que con titulo de deuocion se hazen grandes ofensas a Dios y a sus santos, en hecho, palabras y comidas…; por lo cual se ordena que …de aquí adelante no se pueda velar de noche en las iglesias, ni ermitas, ni hospitales, ni monasterios, ni alguno a tal sea recebido, antes los beneficiados, curas, clerigos, sacristanes, o mayordomos, a cuyo cargo estan las dichas iglesias y ermitas, las cierren al punto de anochecer, sin dexar persona alguna, pena de dos ducados, y seis dias de carcel, y contra los legos, pena de excomunion mayor, y de mil mr.(maravedís) para gastos contra infieles, y si alguno se escusare diziendo que ha hecho promesa y voto de la tal, la cumpla de dia[17].

     Estas suspicacias del clero diocesano para con las manifestaciones de la devoción popular explican el porqué la mayor parte de las romerías se derivaron hacia los conventos, donde los frailes siempre fueron más comprensivos hacia estas expresiones cultuales, y hacia las ermitas, donde los fieles se entendían con los ermitaños. Ya Carlos Rodríguez ha señalado que la Semana Santa de La Laguna se desarrolló en los conventos, quedando las parroquias al margen, de tal manera que hasta 1644 no salió un paso procesional de La Concepción y hubieron de pasar otros veinte años hasta que comenzase a salir uno de Los Remedios[18], lo cual parece explicarse por estas mismas razones.

     Las ermitas de Canarias se pueden englobar en tres grandes grupos, atendiendo a la intención con que fueron fundadas. El primero lo constituyen las ermitas levantadas para que en ellas los fieles pudieran gozar misa los domingos y fiestas de guardar y recibir los demás sacramentos, y que con el tiempo acabarían convirtiéndose en parroquias; como por ejemplo San Antonio de Padua en Granadilla. El segundo grupo lo forman las ermitas fundadas con un fin únicamente devocional, como la de Ntra. Sra. de los Ángeles en El Sauzal, cuya fundación atribuye la tradición al Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo. El tercer grupo engloba las erigidas en las haciendas, es decir dentro de las grandes propiedades, para que en ellas se dijese misa para la familia del propietario y sus criados y jornaleros; como la de San Luis Beltrán en El Sauzal.

     Nos centraremos en las del segundo grupo, las devocionales, que lograron atraer varias romerías. En ellas se instalaba un ermitaño, que era el nombre dado a quién vivía en las dependencias adjuntas y se encargaba de la limpieza del recinto y de recibir y acomodar a los romeros. Además de la casa del ermitaño algunas de estas ermitas disponían también de habitaciones donde pudiesen pernoctar los romeros. Conjuntos como éste se pueden contemplar aún en la ermita de Ntra. Sra. del Amparo en Icod de los Vinos, donde se ha conservado la casa del ermitaño, adosada a la ermita; o en Las Mercedes de Abona, donde se han conservado los “cuartos de los romeros”[19].

     Una ermita a destacar en este auge de las romerías es la de Ntra. Sra. de la Paz y San Amaro en el Puerto de la Cruz. Se ha dicho que fue erigida en 1593, aunque esta fecha también presentaba dudas[20]. Ahora podemos concretar las fechas gracias al testamento otorgado por Gonzalo Pérez en La Orotava el 17 de febrero de 1589, en el que dejó esta limosna: Item mando que se den seis reales para la obra de la ermita de Nuestra Señora de la Paz que se hace abajo de este lugar y se pague de mis bienes[21]. Al año siguiente consta la existencia de un ermitaño, pues el 29 de noviembre de 1590 …el hermano Andrés ermitaño de Ntra. Sra. de la Paz fue padrino en el bautizo de Juan, esclavo de Alonso García Calzadilla, que tuvo lugar en La Concepción de La Orotava[22].

     La Orotava disponía de una romería, como se refleja en el testamento otorgado en 1594 por Domingo González de Sosa, vecino del Realejo[23]: Item declaró más que tuvo devoción de decir dos misas al bienaventurado San Diego que está en el convento de San Francisco en el Orotava y estar a ellas, y tener su capa y una cruz todo un día y por sus indisposiciones no las pudo mandar a decir ni cumplir l[a] promesa que mandaba y mandó que las dichas dos misas se las dijesen por su ánima a la advocación del bienaventurado y glorioso santo[24]. Sin embargo la romería a San Diego era para los habitantes de otras localidades y no les servía a los vecinos de La Orotava, porque estaba dentro del casco urbano y, como ya hemos señalado, la romería implicaba el recorrer un largo camino. Por ello creemos que se edificó la ermita de la Paz en descampado, para satisfacer la necesidad de los habitantes de La Orotava de disponer de un centro de romería fuera de su casco urbano. Parece avalar esta apreciación lo que Agueda Pérez, vecina del Realejo, dispuso en su testamento en 1595: Item mando que Pedro Hernández mi padre vaya por mí en romería a Ntra. Señora de la Paz que está en la ermita de la Orotava y haga decir por mí una misa rezada y se pague todo de mis bienes[25]. Existían más ermitas en La Orotava, pero la de la Paz era la ermita de la Orotava, porque era la de las romerías.

     Esta misma Agueda Pérez dispuso en su testamento otras dos romerías, una a San Diego, el de La Orotava, y otra a San Gonzalo, que estaba en la iglesia parroquial de San Marcos de Icod de los Vinos. Sobre esta segunda romería, la de San Gonzalo, quisiéramos exponer, por entrañable, la romería que Gerónima Hernández, vecina del Realejo, dispuso en 1591 al testar en Tigaiga: Item mando que si Dios fuere servido de llevarme de esta enfermedad que por mí vaya a cumplir Juan Estévez mi marido una romería al bienaventurado San Gonzalo y se diga una misa y lleven a mi hijo Perico y le vistan el hábito del santo, que tiene hecho al dicho mi hijo por cuanto yo lo he prometido[26].

     Todas las localidades de la isla disponían de lugares de romerías, lo que ofrecía una amplia gama de posibilidades a los fieles, pero los ritos eran comunes. Veamos ahora lo que Susana Martín, vecina de Los Silos, decía al testar el 6 de abril de 1607: Item digo y declaro que estando enfermo el dicho Melchor Martín mi marido prometí de ir a Ntra. Señora de Candelaria a su bendita casa y pesar a el dicho mi marido a trigo y que llevase una vela de cera tan larga como el susodicho es del estómago a la cabeza. Mando que si Dios me llevare de esta enfermedad y no pudiere ir cumpla esta romería en mi nombre una mujer la que gustare el dicho Melchor Martín y se pague […roto…] de [m]is bienes. Debía también otras dos romerías: Item digo y declaro que yo [prome]tí otra romería a Ntra. Señora de [los] Rem[e]dios que está en el lugar de Bue[navista…d]escalza. Mando que la cumpla p[or mí] una mujer y se le pague por su trabajo [de mis] bienes.

     Item debo otra romería a el glori[oso San] Juan que está en este lugar de Los Silo[s……..] había de estar velando en la iglesia [de] la Luz donde él está un día. Mando que [lo] cumpla por mí una persona y se [le] pague de mis bienes lo acostumbrado […] las cuales dichas promesa y romería […] ruego y encargo a el dicho Melchor Martín [y] mando las haga cumplir porque con [su] conciencia descargo la mía[27].    

     Como vemos, estas romerías se podían encargar no sólo a familiares, sino incluso a otras personas, a quienes se les pagaba por hacerlas. Así lo dispuso María Martín, vecina de Los Silos, al testar en 1603 en las cuevas de Ybora: Item mando que se cumpla por mí una romería que yo prometí a Señora Santa Lucía la cual cumpla Ana hija de Mecía(sic) Francisca y se le dé por la cumplir de mis bienes seis reales los cuatro para ella y los dos para que se me diga una misa rezada en la dicha iglesia de Santa Lucía[28]. En 1589 Juan González, viñadero, mandó una romería a esta misma Santa Lucía que ilustra sobre otro aspecto de las romerías pagadas, pues en su testamento ordenó: Item mando que en la capilla de Daute en donde está la imagen de Santa Lucía se me diga una misa rezada a honor de la dicha santa y este día mando que a mi costa vayan desde este dicho lugar de Garachico hasta la dicha capilla nueve romeras porque así lo tengo prometido y éstas recen lo que pudieren por mi intención[29].

     Estas romeras que cumplían las promesas por otras personas eran las “rezanderas”; institución de carácter femenino que se ha perdido en Canarias, pero de la que perdura su recuerdo. Lo mismo cumplían una romería, que rezaban novenas o rosarios o incluso hacían de plañideras. Así, Inés Hernández, al testar en El Realejo de Arriba el 31 de marzo de 1589, dispuso: Item mando se den de limosna a la beata de la iglesia de Ntra. Señora de Candelaria de esta isla que dicen la ciega doce reales para que me cumpla unas novenas que yo tenía prometidas de ir a hacer a la dicha iglesia de Ntra. Señora y no las pude hacer[30]. Recordemos también a Juana de Morales, vecina de Garachico, que en su testamento, otorgado en 1592, dejó dicho: Item mando que en la iglesia de Ntra. Señora de los Remedios del lugar de Buenavista que es en la iglesia del Señor San Bartolomé se me diga una misa rezada a Ntra. Señora de los Remedios y se pague la limosna acostumbrada y ruego y encargo al dicho mi marido que el día que se hubiere de decir la dicha misa busque seis mujeres que se hallen presentes a la dicha misa para que rueguen a Ntro. Señor por mi alma y se dé para ello la limosna y lo que más conviene[31].

     La Laguna no disponía de un centro de romerías, por lo cual se promocionó en tal sentido al Cristo de La Laguna. Prueba de esto es un documento que ya dio a conocer el Padre Inchaurbe. Se trata de una junta de la cofradía del Cristo de La Laguna, celebrada el 16 de mayo de 1621, en la que los cofrades decidieron ceder a los frailes franciscanos la parte alta de una casa muy alta y capaz que tiempo atrás habían construido en el compás del convento, para que en ella se pudiesen alojar los peregrinos que procedentes de los pueblos de la isla venían a hacer novenarios en la capilla del Santísimo Cristo[32].

     También Pedro Tarquis dio a conocer un documento que trata del mismo asunto, pues en unas cuentas que el padre guardián del convento de San Miguel de las Victorias presentó en el año 1647 encontró esta nota: Muro y casa del Santo Cristo. Item de hacer el muro que tiene ochocientas varas de pared y de hacer la pared y poner vigas y sollar la casa del Santo Cristo dos mil ciento y cuarenta y tres reales, y fue avaliada la obra en cinco mil[33].  En estas mismas cuentas hay otra anotación al respecto: Casa del Santo Cristo. Item de hacer desde los cimientos el testero de la casa del Santo Cristo que está hacia la huerta setenta y seis reales[34]. Esta sala y casa del Santo Cristo las identificamos con la casa de los romeros.

     Esta labor de promoción dio su fruto, gracias a la labor, no sólo de los que impulsaron el culto al Santo Cristo de La Laguna, sino también de los fieles, que se sintieron identificados con él.

 

SIGLAS

 

AHD:  Archivo Histórico Diocesano de Tenerife.

AHM: Archivo Histórico Municipal de La Laguna.

AHP:  Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

PN:     Protocolo notarial.

 


[1]Lorenzo SANTANA RODRÍGUEZ, “El origen del Santísimo Cristo de La Laguna y de su devoción”,  Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna. 2000.

[2]Manuela MARRERO y María PADRÓN y Benedicta RIVERO, Acuerdos del Cabildo de Tenerife.Vol. VII, 1545-1549, Col. Fontes Rerum Canariarum, vol. XXXVIII, pp. XI-XLIV.

[3]AHM, oficio 2º, libro 3º, fol. 387.

[4]P.Fray Luis de QUIRÓS, Zaragoza, 1612; reimpreso en 1988 bajo el título Milagros del Stmo. Cristo de La Laguna, pp. 284-285.

[5]Ibídem, p. 282.

[6]AHM, oficio 2º, libro 3º, fol. 388 v.

[7]Ibídem, fol. 392-392 v.

[8]Ibídem, fol. 400.

[9]AHD, fondo Santo Domingo, Libro de mandatos de la iglesia parroquial de Nuestra Sra. de los Remedios de la ciudad de La Laguna, hechos y ordenados por los Iltrmos. Sres. obispos y sus visitadores desde el año de 1542, fol. 53.

[10]Archivo parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de La Orotava, libro 2º de la cofradía de la Misericordia, fol. […roto…]. Citado por Manuel Angel ALLOZA MORENO y Manuel RODRÍGUEZ MESA, Misericordia de la Vera Cruz en el beneficio de Taoro, desde el siglo XVI, 1984, p. 125.

[11]Carlos RODRÍGUEZ MORALES, “Apuntes sobre los inicios de la Semana Santa de La Laguna. La Cofradía de la Sangre y el culto procesional durante el siglo XVI”, Semana Santa.La Laguna, San Cristóbal de La Laguna 2001.

[12]Carlos RODRÍGUEZ MORALES, “La antigua imagen de Jesús Nazareno. Su Cofradía y el patronato de la familia Salazar de Frías”, Semana Santa.La Laguna, San Cristóbal de La Laguna 2001.

[13]P. Fray Luis de QUIRÓS, op. cit., p. 280.

[14]Juan NÚÑEZ DE LA PEÑA, Conquista y antigüedades de las Islas de la Gran Canaria y su descripción. [Ed. original, Madrid, Imprenta Real, 1676]. Ed. facsímil, Las Palmas, 1994, p. 324.

[15]AHD, fondo Santo Domingo, Libro de mandatos…, op. cit., fol. 66 v.-67.

[16]Antonio GARCÍA Y GARCÍA, “La religiosidad popular en el derecho canónico canario”, VII Coloquio de Historia Canario-Americana (1986), tomo II, p. 302.

[17]Ibídem, pp. 304-305.

[18]Carlos RODRÍGUEZ MORALES, “Apuntes sobre…”, op. cit.

[19]Cf. Guía de los recursos patrimoniales del sureste de Tenerife (Arafo, Arico, Candelaria, Fasnia, Güimar), 1996, p. 125.

[20]David CORBELLA GUADALUPE, “Historia y evolución del Patrimonio eremítico del Puerto de la Cruz”, Sacra Memoria. Arte religioso en el Puerto de la Cruz, 2001, pp. 43-44.

[21]AHP, escribanía de Jusepe Hernández, PN 2797, fol. 197 v.

[22]Archivo parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de La Orotava, libro 4º de bautismos, fol. 231 v.

[23]Deducimos este dato del hecho de que se mandara enterrar en La Concepción del Realejo Bajo.

[24]AHP, escribanía de Francisco Gil, PN 3402, fol. 28.

[25]AHP, escribanía de Juan Sáez de Gordejuela, PN 3403, fol. 88.

[26]AHP, escribanía de Francisco Gil. PN 3399, fol. 262.

[27]AHP, escribanía de Simón Lorenzo, PN 1639, fol. […roto…].

[28]AHP, escribanía de Melchor Pérez de Fonseca, PN 1636, fol. 449.

[29]AHP, escribanía de Alvaro de Quiñones, PN 2242, fol. 153 v.

[30]AHP, escribanía de Marcos Rodríguez, PN 3577, fol. […roto…].

[31]AHP, escribanía de Pedro de Urbina, PN 2076, fol. 150.

[32]R.P. Diego INCHAURBE, Compilación de artículos referentes a las Ordenes Franciscanas de Canarias, Las Palmas, 1963, pp. 17-20. La cita que da de este documento es: Museo Canario, Inquisición LXXI, 3; CLXIII, 9.

[33]AHP, Conventos 1947, fol. 13. Citado por: Pedro TARQUIS RODRÍGUEZ, “Santuario del Cristo de La Laguna. Pequeñas curiosidades históricas. Construcciones. Casa del Santo Cristo. XVIII”, LA TARDE de 8 de enero de 1963.

[34]AHP, Conventos 1947, fol. 13.