Entrada de Jesús en Jerusalén


“Muchos extendían sus mantos sobre el camino, otros cortaban follaje de los campos, y los que le precedían y le seguían gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene de David, nuestro padre! ¡Hosanna en las alturas!”. (Marcos 10, 8-10)

 

La participación de este paso en la Semana Santa de La Laguna es reciente, pues antiguamente procesionaba cada Domingo de Ramos el Señor Predicador, adaptado por el imaginero Ezequiel de León a su nueva función.

En 1672 salió por primera vez a las calles la procesión de la Conversión de la Magdalena costeada por la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen establecida en la iglesia de los Remedios; en el cortejo también participaba la imagen de la mujer arrepentida. La actual efigie del Señor no es la primitiva, sino obra el imaginero local José Rodríguez de la Oliva, quién la habría ejecutado en orno a 1731 por encargo muy probablemente de Andrés José Jayme, gran benefactor de la Hermandad, quienes van a costear entre 1788 y 1891 la silla de San Pedro, cuya cantidad se dio para que sirviese también al Cristo Predicador en la procesión del Domingo de Ramos. Una tradición que perdura en muchos lugares de nuestros pueblos como La Orotava, Guía de Isora o Santa Cruz.

Por su parte, la efigie de la Magdalena tampoco se corresponde con la primera y se debe a la gubia de Fernando Estévez, realizada en los primeros años del siglo XIX (según consta en el libro de cuentas de la parroquia).

Señalar que ambas imágenes estuvieron ubicadas durante décadas en una capilla de la nave del Evangelio de la iglesia de los Remedios, fundada por Agustín de Mesa, permaneciendo en el lugar hasta 1745. Como dato curioso decir que, unos años después, ciertos feligreses de la parroquia de la Concepción pretendieron que el cortejo del Domingo de Ramos pasase por las calles de San Agustín, Pila Seca y calle de La Carrera, solicitud que no fue aprobada por el obispado canariense.

Actualmente la obra de Rodríguez de la Oliva conforma el paso de la Entrada de Jesús en Jerusalén o “Señor de la burrita”, que consta de cinco imágenes de candelero. Tres tallas: San Pedro, la Magdalena y el niño, todas de Ezequiel de León. Conforma el paso una espléndida talla de San Andrés de autor anónimo. Ambas realizadas en madera policromada; desfilando en la mañana del Domingo de Ramos acompañados de niños y niñas vestidos de hebreos portando palmas en sus manos, lo que da a esa mañana de pasión una estampa particular.