Iglesia de San Juan Bautista


Con motivo de la celebración del Corpus en 1582, el gobernador de la Isla, el Capitán Lázaro Moreno, extiende en los balcones de su casa en La Laguna un tapiz traído de Flandes que, sin saberlo, estaba supuestamente infectado con la peste bubónica o de landres. La epidemia se extendió por Tenerife con gran rapidez, causando multitud de muertos. En las iglesias no quedaba espacio para darles sepultura a los fallecidos y buscan urgentemente un emplazamiento en el extrarradio, lejos del núcleo poblacional, en el llamado valle de los Molinos, por entonces en las afueras de la Ciudad.

Un día de San Juan se da por terminada la calamidad, y se escoge a este Santo como Patrono y Abogado de la peste. Es entonces cuando el Cabildo decide edificar una ermita que abarcara todo el recinto funerario y los cadáveres pasaran a estar en lugar sagrado. Se erige también bajo la advocación de San Juan como agradecimiento por dar fin al contagio. Dos años más tarde una Real Cédula permite al Cabildo que se realice el gasto necesario para asegurar la conclusión de la obra, y garantizar el ornato del templo.

En 1607 como consecuencia de una nueva plaga, esta vez de cigarrones, los regidores eligen a suerte a un santo que abogue por aquella, siendo éste San Plácido, al que se le erigirá un altar en la ermita a partir de ese año. La fundación, administrada desde el siglo XVIII por una a Cofradía de vecinos, ha subsistido gracias a ésta y al cuidado de diversos mayordomos.

En 1862 el inmueble es cedido provisionalmente para ser usado como hospital militar. En 1955 fue restaurada completamente gracias al apoyo del mayordomo D. Vicente González y Álvarez-Falcón, tal y como se deduce de una inscripción que existe sobre la pila de agua bendita de la pared lateral izquierda.

A partir de 1963 pasa a convertirse en Parroquia, pues necesitaba un mayor cuidado derivado del aumento de la población, y se hará la ampliación de la capilla lateral en el lado del Evangelio con el fin de depositar en ella el paso del Cristo de las Caídas.

Exteriormente este templo posee algunos elementos comunes a otras ermitas de la Isla, como la forma rectangular de su planta, los muros exteriores de mampostería, la espadaña situada en ángulo, o las esquinas de piedra labrada. Pero en general presenta elementos cultos poco comunes para éstas, como puede ser el destacado trabajo de la cantería de la portada de piedra rojiza, que se conserva de la fábrica primitiva, de estilo tardo-renacentista, que le da gran monumentalidad. Ésta aparece estructurada por un arco de medio punto con las dovelas marcadas, flanqueado por dos pilastras lisas con capiteles jónicos, que soportan un entablamento rematado por el alero correspondiente al tejado.

Interiormente es una edificación amplia, pero a diferencia de otras ermitas carece del arco toral que suele separar su única nave del presbiterio. Es por ello que su artesonado mudéjar, de par y nudillo, recorre sin interrupción toda la nave. En esta techumbre destaca la rica decoración de sus tirantes, con hermosas lacerías labradas con estrellas, y dentro formas figuradas de una media luna y un sol.

La Iglesia ha tenido desde sus orígenes una estrecha relación con la festividad de su patrono. La celebración de San Juan tiene sus orígenes en el culto al sol durante la celebración del solsticio de verano. San Juan Bautista fue uno de los santos más venerados en La Laguna desde principios del XVI, pero alcanza mayor fervor a partir de la mencionada peste, y de que fuera nombrado patrono y abogado de la misma.

Vinculado a esta construcción se encuentra el Cementerio próximo, del mismo nombre. En 1787 se establece la obligación de construir cementerios a las afueras de las poblaciones, según Real Cédula promulgada por Carlos III, acabando con la arraigada costumbre que se tenía hasta entonces de enterrar en recinto sagrado (en las Iglesias). Cómo solía ocurrir en Canarias, esta obligación se acata tardíamente, y La Laguna no verá construido su cementerio hasta 1814. El lugar elegido para situar el camposanto reunía las características necesarias, pues estaba suficientemente retirado de la ciudad, con una ermita próxima que le servía como capilla auxiliar.

Por su posición suroeste respecto a los vientos dominantes del nortenoroeste era una zona ventilada que evitaba los posibles malos olores. La Iglesia de San Juan Bautista y el Cementerio, están declarados Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento desde el 2000.