La iglesia de San Agustín, querida por todos los laguneros

Fortunato Peña

Tras el fatal incendio que destruyó por completo la iglesia y casi todo su patrimonio, se planteó de forma urgente la necesidad de su restauración. Los laguneros se volcaron desde el primer momento con esta iniciativa aportando donativos para la reconstrucción del templo. Varias emisoras de radio también se sumaron a la causa fomentando la suscripción popular. De la misma forma, muchas empresas y particulares donaron gran cantidad de materiales de construcción para el mismo fin. Incluso desde el propio obispado se aportó dinero y se alentó dicha suscripción. Con todas estas aportaciones, se hubiera sufragado, en gran parte, el gasto que suponía la reconstrucción de nuestro emblemático templo. Entonces, ¿por qué vemos hoy las mismas ruinas que hace más de 40 años?

El dinero y los materiales recaudados para un fin, fueron empleados en otro: la construcción de un nuevo seminario. Un edificio que, por sus dimensiones, nos confirma la voluntariedad y el desprendimiento del pueblo lagunero, un pueblo que vio truncado su esfuerzo y traicionado en sus propósitos. Una construcción a todas luces innecesaria y desorbitada, debido sobre todo a la decreciente vocación sacerdotal.

Y así ha transcurrido el tiempo, viendo crecer la vegetación entre unas ruinas que un día fueron el templo más bonito de nuestra Ciudad, al que todos le tenían un cariño especial y en el que se escribieron muchas páginas de nuestra historia religiosa y popular. Situado estratégicamente en el mismo centro de La Laguna, sus paredes albergaban auténticas joyas de la imaginería canaria como eran el antiguo Señor de la Cañita o el antiguo Cristo de Burgos, o tallas de origen genovés como la Virgen de la Cinta. También contaba con buenas muestras artísticas en cuadros y retablos, así como ricas piezas de orfebrería.

Es de lamentar que, tras la declaración de La Laguna como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, no se hayan tomado cartas en el asunto para reconstruir la iglesia, siendo una equivocación el creer que un edificio es únicamente la fachada, lo que se muestra de cara al exterior. La iglesia de San Agustín, ha sufrido el desprecio desde el propio obispado, así como de las instituciones gobernantes, errando gravemente con la decisión que se ha tomado de convertirla en un espacio multifuncional.

Alguien decía hace algunos años que en La Laguna no hacían falta más iglesias, refiriéndose precisamente a la reconstrucción de San Agustín. El derrumbe de la techumbre de la Concepción en los años setenta y la situación actual de nuestra Catedral son motivos suficientes para contemplar la equivocación que se cometía al realizar semejante afirmación. Los laguneros han querido y aún quieren a San Agustín como iglesia y no como espacio de ocio y esparcimiento, ¿o es que la Casa Salazar, sede de nuestro obispado y restaurada en tiempo record tras el incendio que sufrió, ha pasado a convertirse en otra cosa?