Los nuevos


El panorama invitaba a la reflexión. No estaban todas las caras conocidas que cabía esperar, mientras que muchos que fueron referentes y lucharon por nuestra Semana Santa durante décadas no estaban. El recorrido por los templos en días de preparativos dejaba un regusto extraño y la sensación de que las cosas habían cambiado. Ahora, en no pocas hermandades las decisiones no las tomaban ya lo que más saben. Deseos incontrolados de protagonismo por parte de algunos y, a menudo, el recurso a las malas artes consiguieron apartar a verdaderos prohombres de esta tradición. Los hartaron. La gente a la que un día enseñaron, en unos casos, y auténticos neófitos, en otros, son los que hoy marcan la pauta en muchas hermandades. Una pena.