Manos de mujer en la historia del Cristo de la Humildad y Paciencia de la iglesia de Santo Domingo de La Laguna

Lorenzo Santana Rodríguez, investigador histórico

Lo que hasta ahora conocemos sobre los orígenes de la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia del convento de Santo Domingo de La Laguna gira sobre dos documentos. En el primero, fechado en 1682, Dª. Magdalena de Ponte declara que: …por cuanto esta otorgante instituyó y fundó una procesión con licencia del ordinario en el convento de Santo Domingo de esta ciudad de la Humildad y Paciencia de Ntro. Señor Jesucristo que en los principios salía a la calle el Domingo de Ramos por la tarde y después el Lunes Santo por la mañana y esta otorgante a su costa y expensas la ha conservado hasta el día de hoy…; y cede la procesión a la Hermandad de Ntra. Señora del Rosario del referido convento[1].

     El segundo documento, descubierto por el profesor Jesús Pérez Morera, nos hace retroceder algo más en el tiempo, pues está fechado en 1653. En el mismo el capitán Bartolomé de Ponte y Pajés, regidor de la Isla, solicita permiso para sacar la imagen en procesión en la mañana del Lunes Santo, argumentando: …que yo tengo fundada en el conven[to de Santo Domingo] de La Laguna una memoria y [        ] a la Humildad y Paciencia de Cristo [            ] insignia e imagen de este nombre [        ] para ella y todos los años se hace en e[             ] por el claustro un día a la seman[a               ] y la devoción es grande… Licencia que le fue concedida, señalándosele el recorrido[2]. De este documento dedujo Pérez Morera que el Cristo había sido donado por el citado Capitán, conclusión ésta de la que ya disentimos cuando abordamos por primera vez el estudio de esta imagen[3]. La opinión que defendíamos es que el capitán Bartolomé de Ponte no había donado la imagen, sino que se limitaba a costear los gastos de las procesiones.

     A la vista de los dos documentos que acabamos de reseñar parece existir una contradicción, pues el Capitán y Dª. Magdalena, que son tío y sobrina respectivamente, se presentan como fundadores de la procesión y de manera independiente entre ellos. Esta dificultad se solventa si en vez de interpretar el término fundar como dar inicio a algo, se le da su otro sentido, hoy en día en desuso, que consiste, a tenor de su etimología latina, en dar el “fundo”, o sea en costear, pagar o mantener. Fue este segundo sentido del verbo fundar, junto con el análisis de los pocos datos disponibles, lo que nos llevó a pensar que estas dos personas se consideraban fundadoras de la procesión en cuanto que ambas la habían costeado.

     Éramos conscientes de que se hacía necesario localizar más documentación, a fin de poder aclarar todas estas dudas. Lo primero que encontramos fue el testamento del capitán Bartolomé de Ponte Fonte y Pajés, otorgado el 5 de septiembre de 1661 en su hacienda de La Breña, en El Sauzal[4], y un codicilio de la misma fecha[5]. Al día siguiente fue enterrado en el convento dominico de La Laguna[6]. Grande fue nuestra sorpresa al constatar que ni en su testamento ni en su codicilio hizo la menor alusión a la Humildad y Paciencia, como tampoco lo hizo en la escritura de mayorazgo, que en unión de su esposa, fundó en 1642[7].

     Este silencio, por parte de quien se llamaba fundador, nos llevó a buscar el testamento de su esposa a la caza de alguna noticia. A tal fin indagamos en el fondo Van de Valle, depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Tenerife, donde teníamos la esperanza de encontrar la pista. Este fondo corresponde a una parte del archivo privado de la familia de dicho apellido, afincada en la isla de La Palma, y con fuertes vínculos en la de Tenerife. Nuestras esperanzas no se vieron defraudadas pues, inserta en unas diligencias judiciales, localizamos una copia legalizada del testamento de Dª. María de Azoca Recalde del Hoyo, viuda del Capitán Bartolomé de Ponte y Pajés[8].

     Este testamento fue otorgado cerrado en El Sauzal el 12 de noviembre de 1664 y se abrió el 24 de enero de 1665 ante Diego de Paz, escribano público de La Orotava. Esto explica el porqué no había aparecido hasta la fecha, dado que de este escribano no se ha conservado el protocolo del año 1665. También hallamos una copia de un codicilio otorgado ante el mismo escribano[9].

     De la lectura de este documento se revela la figura de una mujer de gran carácter y emprendedora, que se hizo cargo de los negocios de la familia. Oigamos ahora lo que dice sobre el tema que tratamos: Iten digo que yo he hecho en la capilla de el dicho mi padre un altar y un retablo donde está el Santo Cristo de la Humildad y Paciencia e instituido una procesión de esta abogación nombro por patronos de el dicho altar y procesión en primer lugar a mi sobrina Doña Magdalena de Ponte y a mi sobrino don Esteban de Llerena y Calderón y después de sus días a los sucesores en su mayorazgo, entiéndese del mismo Don Esteban que si acaso no tu[…roto…] venga a los herederos de Don Diego o Don Andrés mis sobrinos y para costos de la dicha procesión dejo un tributo que paga Don Andrés Machado no digo aquí de la cantidad que es porque se me olvida adelante lo declararé también dejo una huerta que compré en la villa de La Orotava que estas dos piezas señaladas las gocen los dichos nombrados en esta procesión a quién encargo asistan a la dicha procesión para que salga con todo aparato y lucimiento que fuere posible y pues la instituí a honra y gloria de Dios Nuestro Señor también es mi voluntad que dos pomos de plata los guarden Doña Magdalena o sus hijas que estén en ser(?) para siempre jamás para adorno de las dos insignias: uno para delante de el  Santo Cristo y otro delante de la Soledad también es mi volunta[d que(?) den(?) a(?) m]i sobrina Doña Magdalena una custodia que he encargado para mis procesiones del Santísimo Sacramento y las suyas y esto se guarde siempre en ella o sus sucesores no negándola a los frailes de el Señor Santo Domingo para sus festividades como es la de Corpus o otras tales con un guión que he hecho con este intento y si Dios fuere servido y viviere después que esto tengo mandado y si hiciere alguna cosa curiosa para adorno de mis fiestas también mando no se las nieguen a dichos padres.

    Más adelante se refiere al retablo: “…reservando un cofre grande en que yo tengo la llave para mi sobrina Doña Francisca así este cofre como las pocas alhajas que tengo a donde vivo en La Orotava mando y es mi voluntad que las goce Doña Francisca de Ponte mi sobrina reservando dos cuadros el uno de la abogación de Ntra. Señora de Candelaria y el otro de la Ascensión de el Señor mando se pongan en el retablo en dos huecos que tiene arriba. Estos cuadros figuran en un inventario que se hizo el 31 de enero de 1665, tras su fallecimiento: Más un cuadro al temple de la Ascensión de vara y media de alto. Más otro cuadro de una vara de alto de la imagen de Nuestra Sra. de Candelaria[10].

     No nos es posible en el presente artículo, que ha de ser breve por su misma naturaleza, el reseñar todo este testamento, ni siquiera todas las mandas referidas al convento de Santo Domingo, pero sí queremos hacer notar las que creemos más relacionadas con el Santo Cristo.

     Funda una capellanía consistente en una misa rezada a decir en el convento a el romper de el alba todos los días del año. Unos días antes de su muerte, el 10 de enero de 1665, hallándose en La Orotava, otorgó otra escritura de fundación de esta memoria de misas, acompañando al pago en metálico una colgadura de tafetanes de Granada para el adorno de dicho convento y fiestas de él, valorada en 12.180 reales[11]. Esta capellanía nos da una interesante pincelada sobre su personalidad, pues estas misas al romper el alba, cuando aún los fieles no podían verse con claridad unos a otros en la penumbra de las iglesias, eran las misas a las que asistían las mujeres pobres que no tenían vestidos nuevos, y que de otro modo no se hubieran atrevido a ir a misa con sus pobres ropas.

     Esta misma obra de caridad la practicaba por aquellas mismas fechas en la ciudad de Guatemala el Beato Hermano Pedro, pues tal como recoge uno de sus primeros biógrafos: Advirtió el discretísimo y piadoso Hno. Pedro, que en la cercanía y vecindad del convento de nuestra Señora de las Mercedes había mucha gente pobre que por falta de vestuario no oía Misa en fiestas y domingos, y arbitrando modos para ocurrir a este daño, pidiendo licencia a los Prelados de aquella casa, y costeó un retablito de San José que se pusiese en la portería de aquel convento, y allí un altar donde se dijese misa domingos y fiestas a la hora del alba (…) para que los pobres que no tienen ropa decente para parecer en público, especialmente mujeres, tuviesen el consuelo de tener Misa antes que la luz del día hiciese manifiestos sus andrajos[12]. También tenía otro remedio para este problema, como recogía en 1668 el P. Lobo, su confesor y director espiritual: Porque no dejasen de cumplir con el precepto de oír Misa, las que por su desnudez se excusaban, tenía buscados de limosna algunos vestidos y mantos, que habiendo servido a unas, llevaba a otras, y así alcanzaba a muchas este consuelo.

     Un detalle que revela el férreo control que Dª. María de Azoca ejercía sobre las actividades mercantiles se refiere a la custodia, a la que ya hicimos mención en la primera manda. Declara que encargó a Don Simón de Ponte que le trajera de Indias una custodia sobredorada de peso de ochocientos reales y que le había hecho el pago de ella a cuenta, pero que el dicho caballero se excusaba de entregarla alegando que se había perdido la remesa. A lo que Dª. María replicaba mandando se le exigiese su entrega …porque estoy cierta que el dicho embarque lo llevó a las Indias no le sucedió ningún desastre.

     Todo esto nos lleva al convencimiento de que era Dª. María quien marcaba el paso en la procesión de la Humildad y Paciencia. Al estar la imagen en la capilla de su familia, los Azoca, estaba más motivada hacia ella que lo que, en principio, podía estar su marido, que era originario de Garachico. Su esposo era quien la representaba en las instancias legales, por imperativo de una época, no tan lejana como deseáramos, en que las mujeres eran obligadas a buscar un hombre que las representara. Esto explicaría el porqué fue él quien solicitó la licencia para procesionar al Santo Cristo, aunque era ella quien movía los hilos, y el porqué él no dice nada al respecto en su testamento, frente a la prolijidad del de su esposa. Son estas manos de mujer, como luego serían las de su sobrina Magdalena, las que velaban por la imagen y su procesión.

     En otra cláusula de su testamento Dª. María aclara: Item declaro que en el tributo que digo adelante de Don Andrés Machado que ha salido incierto y que es deuda donde está embarazada por Don Miguel Interián que se cobre este dinero y que se imponga para gastos de mi procesión siendo dueño de todo así de cera que queda bien prevenida como de una lámpara de plata que he puesto en la dicha capilla sea dueño Don Esteban mi sobrino y en cuanto a el aceite de la lámpara lo hemos dado Bartolomé de Ponte y yo desde el año que murió mi padre Andrés de Azoca y costos de trasiegos y otros muchos que ha tenido la dicha capilla para todos estos costos… Creemos que aquí radica el quid de la cuestión sobre la antigüedad de la imagen del Santo Cristo. Dª. María, quien con tanta prolijidad se refiere a la Humildad y Paciencia, en ningún momento dice que ella haya colocado la imagen en la capilla, pero sí dice que se ha ocupado de la capilla de la familia desde la muerte de su padre. Esto nos lleva a creer que la imagen es más antigua.

     El maestre de campo general Andrés de Azoca y Vargas, regidor de la isla de Tenerife, testó el 22 de mayo de 1630, sin hacer la menor mención a la imagen en su testamento, lo cual no debe extrañarnos, pues ya hemos constatado que eran las mujeres de la familia las que se encargaban del culto del Santo Cristo; como parece indicarlo el mismo Andrés de Azoca al hablar de una capellanía que fundó en el convento dominico: …y encargo a Doña Magdalena del Hoyo mi cara y amada mujer fundadora también de las dichas memorias y a mis herederos tengan cuidado de que se haga y cumpla puntualmente[13]. Esta impresión se ve confirmada por el testamento de la dicha Dª. Magdalena del Hoyo Solórzano, quién al testar en La Laguna el 2 de mayo de 1639, dispuso: Item mando que mi cuerpo sea sepul[t]ado en el convento de Señor Santo Doming[o] de esta ciudad en la capilla de que era patrono el dicho maestre de campo Andrés de Azoca su (sic) marido que es donde está el Santo Cristo en la bóveda de ella[14].

     De modo que ya tenemos tres mujeres en la historia del Cristo de la Humildad y Paciencia, promoviendo su culto en una sociedad pensada por y para los hombres, quienes eran los que al final han ocupado las páginas de la historia.

     Nos parece lo más probable que la imagen del Santo Cristo estaba en la capilla desde antes de 1630, año del fallecimiento de Andrés de Azoca. En apoyo de esta hipótesis traemos a colación el testamento que Isabel Rodríguez, mujer de Juan Tejera, hizo en La Laguna el 14 de diciembre de 1632. Tras mandar ser enterrada en el convento dominico fundó una memoria de misas: Item mando se me digan perpetuamente para siempre jamás dos misas rezadas en el dicho convento de Santo Domingo por los religiosos frailes de él en cada un año la una a Ntra. Sra. del Rosario por el día de la Encarnación y la otra por el día de todos los Santos al Santísimo Cristo que está en el dicho convento en su altar[15]

     Esta datación obligaría a reconsiderar la autoría de la imagen, que el profesor Pérez Morera había atribuido, tras un minucioso análisis estilístico, a la órbita del escultor Martín de Andújar[16], quién en 1637 se instaló en Garachico[17]; y más concretamente, a la gubia de su discípulo Francisco Alonso de la Raya[18], a quién recibió por aprendiz en ese mismo año[19]. Una fecha anterior a 1630, o incluso la más tardía de 1632, descartaría a Alonso de la Raya como artífice de la talla, aunque no a Andújar, que en su etapa en la ciudad de Sevilla, durante la cual realizó algunos encargos para Canarias, tuvo taller propio desde al menos 1628[20].

     Otra consecuencia de estas fechas más tempranas es que el Cristo de la Humildad y Paciencia de la iglesia de Santo Domingo de La Laguna vendría a ser la imagen más antigua de esta advocación que se conozca en la isla de Tenerife[21], posibilidad que ya había sido apuntada por Martínez de la Peña[22]. Hemos de recordar que el más antiguo ejemplar de esta advocación que se haya conservado en Canarias corresponde al Señor de la Piedra Fría, que aparece inventariado en 1603 en el Hospital de Dolores de Santa Cruz de La Palma[23].

     Para concluir quisiéramos llamar la atención sobre algo que Dª. Magdalena de Ponte dijo en 1682 al traspasar la procesión a la Hermandad del Rosario, y es que ésta en los principios salía a la calle el Domingo de Ramos por la tarde. Sabemos que a partir de 1653 salió en el Lunes Santo, pero, ¿es que antes salía a la calle en otro día? Aunque la petición del capitán Bartolomé de Ponte no recoge este dato, nos parece muy factible que una procesión que estaba asociada a una familia y sujeta, en consecuencia, a los avatares naturales de la misma, haya tenido sus altibajos. Es decir, que primeramente saliera durante algún tiempo en el Domingo de Ramos, luego dejara de salir y en 1653 recuperara su lugar en la Semana Santa, pero en un día distinto. Las fechas más tempranas que ahora estamos barajando dejan margen suficiente para ello.

     El tema no está, ni mucho menos, cerrado, y esperamos que nuevas investigaciones aporten más luz a un tema, que de momento ya nos ha revelado un nuevo cariz de la mano de las mujeres que hicieron posible esta historia.

 


[1]Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife (en adelante: AHP), escribanía de Mateo de Heredia, Protocolo notarial (en adelante: PN) 111, ff. 105v-107. Citado por: Alejandro CIORANESCU, La Laguna. Guía Histórica y Monumental, 1965, p. 206; pero confundiéndola con la procesión del Santo Entierro.

[2]Archivo Histórico Diocesano de Tenerife (en adelante: AHD), Fondo Diocesano, Varios J, caja 10, doc. s/n. Publicado por: Jesús PÉREZ MORERA, “El Cristo de la Humildad y Paciencia de la iglesia de Santo Domingo de La Laguna”, La Humildad y Paciencia de Cristo de Nuestro Señor y la cofradía de la Misericordia, 1997, pp. 63-65.

[3]Lorenzo SANTANA RODRÍGUEZ, “Un ecce homo de bulto en su arca: el Cristo Difunto de La Laguna. Estudio histórico”, La Muerte y Entierro de Cristo de Nuestro Señor y la Cofradía de la Misericordia, 2000, pp. 104-107.

[4]AHP, escribanía de Lorenzo de la Cruz, PN 3129, f. 329.

[5]Ibídem, f. 333v.

[6]Archivo parroquial de Ntra. Sra. de los Remedios de La Laguna (depositado en el AHD), libro 3º de entierros, f. 81.

[7]AHP, escribanía de Tomás Andrés de Figueroa, PN 936, f. 354. Citado por Jesús PÉREZ MORERA, art. cit., p. 75, nota a pie de página.

[8]AHD, fondo Van de Valle, caja 61, doc. s/n, “Sobre el testamento de Dª. María de Asoca”.

[9]Ibídem. La fecha se ha perdido.

[10]AHP, escribanía de Domingo Romero, PN 3133, f. 36.

[11]AHP, escribanía de Alonso Viera, PN 3026, f. [..roto…].

[12]Fray Francisco VÁZQUEZ, Vida y Virtudes del Venerable Hermano Pedro de San José de Betancur, escrito hacia 1705, editado en 1962 en Guatemala por Lamadrid, J.L., p. 197.

[13]AHP, escribanía de Gonzalo Cuello Tejera, PN 84, f. 426v. Sabemos que el 20 de julio siguiente ya había fallecido: AHP, escribanía de Juan Alonso Argüello, PN 482, f. 272.

[14]AHP, escribanía de Diego Benítez de Medrano, PN 700, f. 301.

[15]AHP, escribanía de Gonzalo Cuello Tejera, PN 85, f. 796v.

[16]Jesús PÉREZ MORERA, art. cit., p. 80.

[17]Domingo MARTÍNEZ DE LA PEÑA Y GONZÁLEZ, “El escultor Martín de Andújar y Cantos”, Archivo Español de Arte, nº 135 (1961), tomo XXXIV, pp. 225.233. Sobre la actividad de Andújar en Gran Canaria véase el trabajo de Margarita RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, “El escultor Martín de Andújar en Gran Canaria”, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 31(1985), pp. 553-563.

[18]Jesús PÉREZ MORERA, art. cit., pp. 81-84.

[19]Domingo MARTÍNEZ DE LA PEÑA Y GONZÁLEZ, “El escultor Francisco Alonso de la Raya”, Anuario de Estudios Atlánticos, nº 13 (1967), pp. 450.485-486.

[20]Ibídem, art. cit. (1961), pp. 215-216.

[21]Cf. Juan GÓMEZ LUIS-RAVELO, “Cristos tinerfeños de la Humildad y Paciencia. Su antigua devoción en el Puerto de la Cruz”, Sacra Memoria. Arte religioso en el Puerto de la Cruz, 2001, pp. 56-67; y: Carlos RODRÍGUEZ MORALES, “Escultura en Canarias del Gótico a la Ilustración”, Arte en Canarias. Siglos XV-XIX. Una mirada retrospectiva, 2001, tomo I, p. 146.

[22]Domingo MARTÍNEZ DE LA PEÑA, “Iconografía cristiana y alquimia: «El Señor de la Humildad y Paciencia», Homenaje a Alfonso Trujillo, 1982, tomo I, p. 594.

[23]Jesús PÉREZ MORERA, “Esculturas americanas en La Palma”, IX Coloquios de Historia Canario-Americana (1990), tomo II, pp. 1290-1292. Juan GÓMEZ LUIS-RAVELO (op. cit., p. 60) afirma que existía una imagen de esta advocación en la iglesia de Los Remedios de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en las últimas décadas del siglo XVI, aunque no señala referencia.