Monumentos del Jueves Santo


Al Jueves Santo de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, el mejor calificativo que se le puede dar es el de monumental. Ese día se conmemora la Última Cena de Jesús con sus discípulos. Con la Misa vespertina comienza el Triduo Pascual. El Monumento se caracteriza por una extraordinaria belleza, es el lugar donde se custodia la Sagrada Forma, el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Siguiendo una tradición secular, se exhibe en los principales templos las mejores piezas de orfebrería en honor al Cuerpo consagrado de Cristo: andas, sagrarios, frontales, cantoneras, columnas, etc., entremezclándose con el centelleo de los cirios y la belleza de las flores. La tradición de la orfebrería en La Laguna data del 1640, alcanzando su apogeo, a lo largo del siglo XVIII. San Cristóbal de La Laguna fue el núcleo más importante y original de la orfebrería y la platería del Archipiélago. La ciudad era muy visitada por muchos orfebres, los cuales dejaban su influencia. Así, con el tiempo los oriundos fueron ganando prestigio en la calidad de sus obras. Los motivos usados por los artistas canarios fueron, fundamentalmente, del barroco sevillano, mejicano tardío y portugués. Fue en La Laguna donde nació y se desarrolló un arte genuino, perviviendo durante siglos hasta nuestros días. A pesar de la desamortización del siglo XIX, nuestras iglesias y conventos siguen conservando un conjunto de obras que testimonian la calidad y riqueza artística, sin duda uno de los legados más bellos de Canarias. Todos los años, cada templo erige un nuevo Monumento del Jueves Santo, con estilo propio, pero siempre sobre una misma base. Así, la iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción exhibe, junto al tabernáculo de inconfundible estilo isleño, las maravillosas andas barrocas labradas por José Antonio Rodríguez en 1754; el Monumento de la Santa Iglesia Catedral (cerrada por reformas) se apoya siempre sobre las tablas flamencas de Hendrick Van Balen, insertas en el gran retablo de Pedro Alonso Mazuelos; el de la parroquia de Santo Domingo sobre el retablo de plata y metal repujados por distintos orfebres, siendo César Fernández Molina el último de ellos –década de los cincuenta–, y en el que destaca el manifestador de Pedro Merín (1715); la hornacina del Stmo. Cristo de La Laguna es el marco habitualmente elegido por el Santuario donde ésta venerada imagen recibe culto; sobre sus altares mayores componen siempre sus Monumentos el Hospital de Dolores y los conventos de clausura de Santa Clara y Santa Catalina de Siena, estos últimos siempre destacables por la nota de primor del exquisito enramado floral confeccionado por las manos monjiles. Los Monumentos del Jueves Santo son la expresión del talante de un pueblo que mantiene vivas su historia y tradiciones.

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