Pregón de la Semana Santa de La Laguna 2001

Pedro Ramón Gutiérrez Hernández

Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo, Ilustrísima Señora Alcaldesa, Ilustrísimo Señor Delegado Episcopal y Comité Ejecutivo de la JHC, Ilustrísimas Autoridades, Hermanas y hermanos de las diferentes cofradías, Señoras y Señores, hermanos todos en nuestro Señor Jesucristo.

     Es un honor inmerecido para quien les habla ser el pregonero de nuestra queridísima Semana Santa. Por eso, vaya por delante mi gratitud al Comité Ejecutivo de la JHC que me propuso, las hermandades y cofradías que me aceptaron y el Señor Obispo que dio su aprobación.

     Con la confianza puesta en el auxilio de lo alto, me dirijo a todos ustedes, con espíritu de cofrade y, por tanto, cristiano, con la intención de hacer un pregón cofrade, que exprese y transmita sentir cofrade.

     La Providencia no me podía ofrecer mejor lugar que este templo de Santo Domingo de Guzmán, parroquia de mis amores y sede de, la también cofradía de mis amores, la Cofradía Penitencial de la Misericordia; sin olvidar ni un momento a esas dos queridas y entrañables hermandades con quienes compartimos sede canónica: la Cofradía Penitencial de la Unción y Mortaja de Cristo y la Sección Penitencial de la Venerable Hermandad del Santísimo Rosario.

     Quiero presentarme ante ustedes, como hombre de la Semana Santa de San Cristóbal de La Laguna, defensor y comprometido con su JHC, es decir causa o consecuencia de mi defensa y compromiso con todas y cada una de las hermandades y cofradías sin excepción, como no podía ser de otra forma.

     Por todo lo dicho, he titulado este pregón:

CINCUENTA AÑOS DE SEMANA SANTA COFRADE

     Porque precisamente, en este 2001 se cumple cincuenta años desde aquella Semana Santa de 1951, en la cual la, hoy titulada, Venerable y Muy Antigua Hermandad de la Preciosa Sangre de Cristo y Santa Cruz de Jerusalén salió a la calle vistiendo el habito penitencial, unos nueve meses después de su refundación y erección como cofradía penitencial: el 26 de julio de 1950. Histórico alumbramiento que trasformó nuestro cultos externos, nuestros tronos o pasos procesionales y el transitar de nuestras cofradías por las calles de Aguere. Me imagino las caras de asombro y sorpresas de los laguneros de entonces. Vaya mi gratitud a esa Hermandad por atreverse a ser la primera y pionera, por haberse mantenido a pesar de la terrible desgracia de aquel dos de junio de 1964, en que las llamas destruyeron la Iglesia de San Agustín, la que entonces era su sede canónica, perdiendo a su titular, el Señor de la Cañita, su paso y enseres procesionales.

     Cincuenta años de Semana Santa cofrade, cincuenta años de catequesis cristiana cofrade, cincuenta años de compromiso cristiano de hermandades y cofradías. Al respecto, recordemos algunos fragmentos del Evangelio de Mateo

     “Ustedes son la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero afín de que alumbre a todos los de la casa. Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los Cielos” (Mateo 5, 14-16).

     Y les dijo: “vayan por todo el mundo y anuncien el evangelio a toda la creación” (Mateo 16, 15)

     Desde el programa y pregón de la pasada Semana Santa, fray José Arenas nos animaba a vivir el tiempo de conversión del Año Jubilar, pues bien, siguiendo en la misma línea y tocando más de cerca a nuestro querido mundo cofrade, recogemos aquel ánimo de conversión y lo proyectamos desde el pasado, al presente y al futuro: ¿qué han aportado y aportan las hermandades a la conversión?, ¿que más pueden hacer?.

     Históricamente, han sido medio de catequesis, cohesión, aglutinación y mantenimiento religioso, social y cultural, todo ello desde siglos y con un sentido tremendamente popular. Las cofradías han sido y siguen siendo avanzadilla de la Iglesia en la sociedad. Nacen y se desarrollan, en esa sabiduría del pueblo, con la labor de acercamiento y cumplimiento de las tres virtudes teologales, un cometido de potestad pública de Fe, de tareas bien concretas de Caridad y, por tanto, con un mensaje de Esperanza. Pero, ¿sigue siendo válido hoy?, por supuesto que si, por supuesto que con un compromiso de responsabilidad en la Fe con formación, en la Caridad con acción y en la Esperanza con mensaje. Formación, acción y mensaje cristianos, adecuados a la época que nos toca vivir.

     Estamos cerca del pueblo, de la sociedad, formamos parte de ella. Sin embargo no vivimos en aquellos tiempos en los cuales, y por causa de la incultura imperante, el único camino de predicación era la iconografía. Ahora, es imprescindible la formación cristiana, sin ella ¿qué apostolado haremos?. Para entender y transmitir el misterio cristiano de Jesús, no nos podemos limitar a esa salida procesional, por mucho que nos agrade y soñemos todo el año con ella. No tenemos que avergonzarnos de eso, al contrario sintámonos orgullosos, pero tampoco nos quedemos sólo en eso, en el desfile procesional. Para entender y transmitir el misterio cristiano de Jesús, tenemos que poner nuestro granito de arena en la obra del Espíritu, que no es otro que catequesis continuada y nunca finalizada, catequesis de la palabra y del corazón, de Fe y Caridad, y en consecuencia, de Esperanza. Catequesis que comienza y tiene su razón fundacional con la procesión en la calle, pero sin estancarnos en ese culto externo. Al contrario, partiendo de ello tenemos y debemos ser capaces de ver lo invisible a través de lo visible y … contagiarlo.

     Ese sentido de Fe, Caridad y Esperanza de cofrades seguidores de Cristo ha ocurrido, ocurre y ocurrirá, ¡qué duda cabe!, si no ¿cómo se explica que tantas personas hayan permanecido unidas a Cristo en momentos titubeantes?, ¿para cuántos la pertenencia a una hermandad o cofradía ha sido el único lazo de unión a la Iglesia?, ¿cuántos, a través de esas corporaciones cristianas y eclesiales, se han acercado, formado y comprometido con Jesús y su mensaje de salvación?, ¿cuántas hermandades colaboran calladamente en parroquias, ayudan en obras sociales, contribuyen a la restauración y conservación del patrimonio, etc.

     Que estos breves comentarios sirvan de reflexión para reivindicar el papel cristianamente válido, actual y positivo de hermandades y cofradías, sin pasar por alto que hay mucho que enmendar y mejorar, para mantener permanentemente renovada esta parte tan entrañable de la Iglesia de Cristo.

     Pero volvamos a aquel 1951 y hagamos algunas consideraciones sobre lo que resultó más sorprendente: la indumentaria que vestían y que posiblemente llamarían hábito penitencial. ¿Cuál es el origen de tal indumentaria?, ¿cuál su uso? y ¿cuál su sentido?. Es el llamado hábito penitencial tipo barroco, sevillano o andaluz, el cual tiene documentado su origen en la Hermandad de la Iniesta de la ciudad hispalense, quienes en 1586 acordaron procesionar vistiendo los hermanos túnica y capuchón de antifaz, alto, puntiagudo y con capirote que ocultaba la identidad del penitente. ¿Cuál es el sentido de este anonimato?. Permítanme recordar con ustedes el siguiente párrafo evangélico, el que se lee, precisamente, el Miércoles de Ceniza:

     “Tengan cuidado de no hacer el bien delante de los hombres, para que los vean; de lo contrario, el Padre celestial, Padre de ustedes, no les dará ningún premio. Por eso, cuando des limosna, no lo publiques al son de trompetas, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo les digo que ya recibieron su premio.

     Tú, en cambio, cuando des limosna, no debe saber tu mano izquierda lo que hace tu derecha; cuida que tu limosna quede en secreto, y tu Padre que ve los secretos, te lo premiará.

     Cuando recen no hagan como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los hombres los vean. Ellos ya recibieron su premio.

     Tú cuando reces, entra en tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre que ve los secretos, te premiará.

     Cuando ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que se desfiguran la cara para mostrar a todos que ayunan. Les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, perfúmate el cabello y no dejes de lavarte la cara, porque no son los hombres quienes deben darse cuenta de que tú ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te premiará” (Mt 6, 1-6 y 16-18).

     Ese y no otro es el sentido de la penitencia anónima del nazareno sevillano y del capuchino lagunero. Entiéndase, que tal procedimiento en el siglo XVI pretendía dar respuesta a la ostentación publica de la penitencia, que tanto gustaba a las clases pudientes. Así pues, el sentido original es que la penitencia sea discreta, sin ostentación, anónima. Y eso es base y fundamento del ser y del sentir cofrade. El verdadero cofrade se debe a su hermandad, trabajar en ella de manera discreta, sin ostentación, sin protagonismo innecesario, de forma anónima, entregada, derrochando cariño por Cristo, por su Santísima Madre y por su corporación.

      Consecuencia de aquella primera Semana Santa cofrade de 1951 y de la inquietud de un grupo de fieles vinculados a la S. I. Catedral, que deseaban recuperar la procesión del Señor atado a la columna, nos lleva a la fundación el 30 de junio de ese año, de la hoy, Real, Muy Ilustre y Capitular Cofradía de la Flagelación de Ntro. Señor Jesucristo y Ntra. Sra. de las Angustias.

     Un año después, el 1 de julio de 1952, gracias a la iniciativa y desvelos del entonces párroco de Santo Domingo de Guzmán, don José García Pérez, cuyos restos reposan en este templo, y de don Ramón Ascanio y Montemayor, se funda la Cofradía de penitentes de la Misericordia.

     Posteriormente:

•La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Soledad en 1953.

•La Cofradía del Lignum Crucis y la Piedad el 1 de febrero de 1955. Por cierto, única corporación penitencial cuya vestimenta es el habito penitencial castellano o medieval, austero y monacal, sin cubrir el rostro.

•También y en el mismo año: la Cofradía del Santísimo Cristo de Burgos, entonces radicada en la Iglesia de san Agustín.

•La Cofradía de la Unción y Mortaja de Cristo.

•La Sección Penitencial de la Venerable Hermandad del Santísimo Rosario.

•La Cofradía del Santísimo Cristo de las Caídas.

•Y la Cofradía de las Insignias de la Pasión del Señor y Soledad de María Santísima.

•Posteriormente, en 1961, la hoy Hermandad y Cofradía de NPJ de la Sentencia y María Santísima de la Amargura.

•El 29 de marzo de 1978, la recientemente redenominada Hermandad de San Lázaro y Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo del Calvario, aunando en una misma corporación: carácter de gloria y penitencial. Hecho del cual me siento triplemente satisfecho: por pertenecer a ella, por haber contribuido a ese logro y porque siempre he defendido la ampliación en cofradías penitenciales a otras advocaciones, sean de gloria o sacramentales, se haga de nuevo o por fusión con preexistentes en la misma sede canónica.

•Igualmente en 1978, la Cofradía de NPJ Cautivo ante Caifás y Ntra. Sra. de los Dolores, radicada en el Barrio de la Candelaria.

•En 1980: la Cofradía del Santísimo Cristo del Rescate y Ntra. Sra. de los Dolores y la Cofradía de la Santa Faz, en la Concepción y S. Benito respectivamente.

•La Sección Penitencial de la Hermandad del Santísimo de la S. I. Catedral, en 1983.

•La Hermandad del Santísimo Cristo del Amor Misericordioso Servidores del Templo, el 29 de marzo de 1996, aunque dos años antes ya acompañaban a su titular, sin vestir el hábito penitencial.

•La Hermandad y Cofradía de María Santísima de los Dolores, el 24 de febrero de 1997, aunque durantes varios años acompañaron a la Señora de la Paz y Unión, llevando hábito penitencial, por su vinculación previa a la otra hermandad de la Cuesta .

•Y, para esta Semana Santa, esta prevista la primera salida de la Hermandad del Señor en el Huerto, acompañando a su titular y vistiendo hábito penitencial con los colores franciscanos. Para tal fin, han recibido autorización provisional de nuestro Vicario General y Delegado Episcopal en la JHC y de su Comité Ejecutivo. Desde aquí les enviamos la más sincera felicitación y los mejores deseos de futuro.

     Un conjunto de 20 hermandades y cofradías, que componen la nómina de corporaciones de carácter penitencial de nuestra Semana Santa. A ellas se deben sumar las siguientes hermandades no penitenciales: Hermandad del Santísimo de la Parroquia Matriz de la Concepción; Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, Venerable Orden Tercera de San Francisco y Hermandad de la entrada en Jerusalén.

     Hermandades y cofradías que realizan un enorme esfuerzo en presentar ese catecismo, ese mensaje, ese evangelio sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús, el Cristo, el Mesias, el Hijo de Dios, por las calles de Aguere y sus barrios. Dos semanas intensas de testimonio de fe y arte, testimonio de compromiso eclesial que comienza el Domingo de Pasión y termina el Domingo de Resurrección. Testimonio de Fe y compromiso eclesial que se extiende a Maria Santísima. Por ser Madre y Corredentora.

     Comienza esta homilía cofrade el Domingo de Pasión, primer pórtico de nuestra Semana Mayor, en que dos Cristos procesionan. Al mediodía, el Santísimo Cristo del Rescate. Cuenta la leyenda que tal nombre le proviene por el rescate pagado en Santa Cruz y así devolverlo a La Laguna, a su casa, la Iglesia Matriz de la Concepción. Rescate, ¡que bonito nombre para una leyenda y para un Cristo!. Rescate pagado por Jesús, con su sangre derramada en la Cruz de la redención, para la salvación de toda la humanidad. Así nos lo recuerda Pablo en su carta a los romanos:

     Lo sabemos: con Cristo fue crucificado algo de nosotros que es el hombre viejo, para destruir lo que de nuestro cuerpo estaba esclavizado al pecado. Pues morir es liberarse al pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. La muerte ya no tiene dominio sobre Él. La muerte de Cristo fue un morir al pecado, y un morir para siempre; su vida ahora es un vivir para Dios. (Rom, 6-10).

     Por la noche, sale de la S. I. Catedral el Santísimo Cristo de Burgos. Lo acompaña su Cofradía, cofradía de las cofradías laguneras. Al menos así lo vive y lo sueña este pregonero: que el pertenecer a cualquier hermandad penitencial fuese compromiso no escrito de pertenecer a la cofradía de este Cristo, Señor del Domingo de Pasión lagunero. Cristo que fuera de la Iglesia de San Agustín, al que yo acompañaba, siendo un niño de 7-8 años, de acolito turiferario y recuerdo en su retablo de madera tallada y dorada, situado a los pies del lado de la epístola.

     Viernes de Dolores, segundo pórtico de nuestra Semana Santa. Viernes de Dolores que es Eucaristía, acción de gracias y recuerdo con María en sus misterios dolorosos, Soledad en Santo Domingo, Angustias en la Catedral, Amargura en la Concepción. Que es María Santísima de los Dolores en La Cuesta de Arguijón,. Allí, en la parroquia de la Paz y Unión, su Hermandad y Cofradía, inician su particular oración cofrade, que es triduo, besamano y pregón a la Señora, Madre Amantísima y Corredentora. Que es Nuestra Señora de los Dolores, en la Villa de Arriba. Salida procesional de la Predilecta, predilecta de José Lujan Pérez, predilecta de su Hermandad y predilecta de la Parroquia Matriz de la Concepción, ¿se encontraría mejor casa para acogerla y mejor consuelo que la sentida salve que le cantan a su entrada?.

     Domingo de Ramos. Nos ponemos en camino, seguimos a Jesús y entramos de lleno en la Semana de su Pasión, Muerte y Resurrección. Pasión que hoy es alegría y fiesta, palmas y olivos, niños y niñas hebreos de la Hermandad y paso de la Gloriosa Entrada de nuestro Señor en Jerusalén. Muchos de los aquí presentes se acordarán del Santísimo Cristo Predicador, con la Magdalena a sus pies, signo e imagen de constante y repetida conversión. Se rumorea que hay inquietud y ganas para recuperar ese paso alegórico y su procesión, ojalá así sea. Domingo de Ramos que es recogimiento y meditación ante NPJ maniatado y sentenciado, en el monasterio de mis queridas hermanas clarisas. Allí acude María llena de Amargura, en su palio primoroso, mimo y cariño de sus cofrades. Permítanme que desde aquí le diga: Dios te salve Señora, María Santísima de la Amargura. Y esas cinco lágrimas que por tu rostro caen, son lágrima de intolerancia, lágrima de rechazo, lágrima de marginación, lágrima de incomprensión, lagrima de ignorancia que es desamor. Dicen que no eres lagunera, que eres sevillana, entonces ¿qué decimos a Angustias o a Soledad?, ¿que ya son laguneras?. Pues que te den la oportunidad de que Tú también lo seas. Para aquellos que tan injustamente te sentenciaron, decirles: que tus lágrimas solo sean para tu Hijo vilmente sentenciado, reo, convicto y que sigas teniendo el consuelo de tu Hermandad y Cofradía. Sentenciado, reo y convicto, ahora cayendo bajo el peso del madero. Madero de nuestro fallos, culpas e incoherencias cofrades. Si nos decimos cristianos, por seguidores de Cristo, que seamos cireneos, tomemos tu cruz y te sigamos. Señor de San Juan y Santísimo Cristo de Caídas. Imagen de Jesús que permanentemente nos invita a levantarnos, a seguir, a no desfallecer, a perfeccionar y profundizar nuestra Fe en el Evangelio, en fidelidad y con al ayuda de nuestros pastores.

     Lunes Santo, Monasterio de Santa Clara, Oración en el huerto de Getsemani, horas terribles sabiendo lo que se te venia encima:

     Fue un poco más lejos y, postrándose en el suelo hasta tocar la tierra con su cara, hizo esta oración: “Padre, si es posible aleja de mi este cáliz. Sin embargo que se cumpla no lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú”. Volvió donde sus discípulos y los halló dormidos, y digo a Pedro: ¿de modo que no pudieron permanecer despiertos conmigo ni una hora?. Estén despiertos y orando, para que no caigan en la tentación; el espíritu es animoso pero la carne es débil” (Mt 26, 39-41).

     Cáliz de sufrimiento, dolor y muerte en Las Claras y amor y misericordia en la Catedral, Santísimo Cristo del Amor Misericordioso. Cristo capitular, que tus servidores del templo te sueñan en tu paso de misterio ya terminado, que sea testificación de que eres el Señor por Santa María la de Magdala, que sea lanzada rematadora de tu muerte salvadora y que sea conversión de los gentiles en la figura del centurión Longinos y sus soldados romanos, que custodiaban a Jesús, los cuales reconocieron: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mt 27, 54). Cuenta la tradición que después de aquello, Longinos desertó de la Legión romana y, como cristiano, vivió exiliado en el norte de África. Jesús crucificado por amor y misericordia Jesús recordado, rememorado y aceptado en las Insignias de su Pasión y en la Soledad de María Santísima. En ese trono modelo de armonía y proporciones, oración bella y cofrade, homenaje dominico de tus monjas catalinas. Antes, de pequeño, recuerdo cómo me impresionaba el hábito penitencial de tu Hermandad, el fino y largo capuchón negro, las manos descubiertas, las sandalias de nazareno. Ahora, de mayor, cómo disfruto Madre, cuando vuelves a tu casa de la Plaza del Adelantado, por la estrecha calle Bencomo. Acertadísima plegaría final de tus hermanos penitentes.

     Ya es Martes Santo, la Semana Santa cofrade continúa y nos vamos a la Cuesta, presencia, apoyo y solidaridad con nuestros hermanos de las parroquias de la Candelaria y de la Paz y Unión, de las hermandades de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Caifás y de María Santísima de los Dolores. Y cuando la noche cae, el encuentro entrañable entre el Hijo y su Madre, arropados por su barrio y su gente. El encuentro de María, arrastrando los tantos y tantos dolores de esos barrios, con su Hijo cautivo de tanta y tanta injusticia, marginación, insolidaridad de esos barrios. El encuentro que se transforma en emocionada despedida, a las puertas y escalinatas de la Parroquia y Plaza de la Candelaria. Que es levantá por la unión entre las hermandades del centro, con las hermandades de los barrios, todas de La Laguna. Nuestro Padre Jesús Cautivo en la Cuesta, que es también cautivo y preso, en la Concepción, ahora con mirada tierna, de misericordia, de perdón a Simón, Pedro, la Roca que mana lagrimas de pena y arrepentimiento. Pedro, padre de la Iglesia, que se confiesa pecadora, arrepentida y confiada a la misericordia del Señor. Señor, Jesús, Cristo atado a la columna y azotado. Señor en esa imagen del clasicismo italiano, orgullo de la parroquia de los Remedios. Remedios que es Santísimo Cristo, crucificado en su Cruz de plata y pedrería, Cristo de la Santa Iglesia Catedral. Y siempre, acompañando la Madre Corredentora, que es Predilecta de los Dolores en la Concepción y Angustias, del sevillano Astorga y de su Sección de damas con peineta, en la Catedral.

    Es Miércoles Santo y nos vamos a la parroquia y barrio de San Benito, Hermandad penitencial de la Santa Faz, del Vero Icono o de la Verónica, antiquísima tradición cristiana, fruto de la devoción y la piedad por la pasión de Jesús. Hermandad de gloria de señoras de San Benito, continuadoras de la corporación de los campesinos y agricultores de la Vega. Ambas hermandades, bajaran juntas al centro. Ojalá que esa unión momentánea se transforme en fusión permanente en una única corporación para mayor gloria de Cristo, su Madre y, por supuesto, San Benito. Bajan acompañando a NPJ con la Cruz al hombro en su encuentro con las Santas Mujeres de Jerusalén y con la Santa Mujer Verónica. Mal llamado sexo débil, que tuvo la valentía de manifestarse en contra de lo que la mayoría vociferaba. Arrojo, generosidad, valentía para romper el cerco de la guardia de romanos y sayones y limpiar el maltratado rostro del Redentor. Imagen de tantos y tantos rostros maltratados sin enjugar. Bajada hasta la Plaza de la Concepción y encuentro con el Ecce Homo, azotado y golpeado, burlado y ultrajado, con cetro de caña y corona de espinas, el que será NPJ Nazareno de la Salle, camino del Gólgota. Y, otra vez no podía faltar, la Virgen, que hoy es Soledad que recibiera culto, al lado de su Hijo, en el altar a los pies del lado del Evangelio en San Agustín, que, también al lado de su Hijo, escapara del incendio de aquel 1964. Posteriormente y durante años, estuvo al culto en la Capilla del Colegio de Nava La Salle y ahora se encuentra en un rincón del museo catedralicio. Nuestra Señora de la Soledad, obra atribuida a nuestro paisano José Rodríguez de la Oliva. Madre lagunera de armoniosa belleza y dolor contenido. Madre que intercede por nosotros, primera hermana cofrade que siguió a su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

    Estamos a mitad de la Semana Mayor de Aguere, es Jueves Santo, primer día del Triduo Pascual. Jesús nos deja su pan, nos lava los pies y nos habla de amor. Hoy celebramos, más si cabe, esa locura de amor que es Jesús sacramentado, que quiso quedarse con nosotros en la Eucaristia del pan y del vino, para alimentar nuestra Fe, para darnos Esperanza y para impulsar nuestra Caridad, para la comunión de la Iglesia, para gozo y disfrute del cristiano. Esta tarde es la Cena del Señor, liturgia del Jueves Santo, día del Amor Fraterno, síntesis del mensaje evangélico: primero amar a Dios sobre todas las cosas y segundo, similar al primero, amar al prójimo como a tí mismo.

    Eucaristía, acción de gracias. Y, una de las formas que el pueblo lagunero da las gracias y sabe responder a la generosidad de Cristo en la Eucaristía, es mediante los monumentos. Derroche de arte, plata, cera y flores para el derroche de amor del Santísimo Sacramento, bellamente simbolizado en el sagrario del monumento de esta parroquia, en un pelícano que abriendo su pecho sangra, y sangrando, alimenta a sus crías.

    Son las ocho de la noche, las puertas de este templo se abren de par en par y asoma la Cruz de Guía de la Misericordia, después el Varón de Dolores de La Laguna, Señor de la piedra fría, Jesús humilde y paciente, Señor de Santo Domingo, que una vez consumado el sacrificio del calvario, será venerablemente uncido y sagradamente amortajado por Nicodemo, José de Arimatea, Juan el hijo de Zebedeo y la Magdalena y, finalmente, María atravesada de dolores, que la Sección Penitencial de la Vble. Hermandad del Rosario acompañará en su Soledad. Al llegar a la Catedral, el cortejo quedará encabezado por el paso de “la Mesa la Cena”, como popularmente se le conoce. Paso de la Sagrada Cena de nuestro Señor Jesucristo, paso eucarístico para esta noche eucarística, acompañado de la eucarística hermandad de la Catedral

    Son las nueve de la noche, y en el otro extremo de la ciudad, en la parroquia y barrio de San Lázaro, han apagado las luces, en oscuridad y recogimiento bajan fundidos Cofradía Penitencial y barrio, bajan acompañando a su Santísimo Cristo en su paso del Calvario, pararán un momento en San Benito y se recogerán al refugio de la S. I. Catedral.

     Santísimo Cristo del Calvario, colocado por nuestros mayores como Guardián de la puerta Norte de esta ciudad de Aguere, humildemente te pedimos nos concedas el honor de ser nosotros los guardianes de ese sagrado lugar donde se venera, desde siglos, tu Sacrosanta Imagen que queremos sea siempre Guía y Norte de nuestras vidas.

     La ciudad, por unas horas, se ha quedado apacible a la espera de la procesión de las procesiones, procesión de los laguneros. Son las cuatro de la mañana del Viernes Santo, el Señor de La Laguna, el Cristo por antonomasia, atraviesa el portal de su casa franciscana, para visitar conventos y templos, para servir de inspiración, estimulo, sentimiento, reflexión, meditación de las siete palabras pronunciadas desde el madero, tradición heredada del también franciscano S. Buenaventura, siempre vigentes, siempre actuales. Y, en la calle, entre las malagueñas y el Adiós a la vida entre la señora con la vela de promesa y la madre con el hijo bien abrigado, nuestro Cristo moreno y lagunero, sube la Carrera y nos llama. Esta noche más que nunca, cobra significado la copla de todos conocida:

         Al Cristo de La Laguna

         mis penas le conté yo

         sus labios no se movieron

         y sin embargo me habló

     Le acompaña su Pontificia, Real y Venerable Esclavitud, le acompaña el pueblo lagunero y el pueblo de Tenerife y le acompaña Nuestra Señora de lo Dolores, Sagrado Corazón atravesado por siete angustias, Dolorosa clarisa y franciscana, acompañada de San Juan y la Magdalena, como si quisieran enjuga sus lágrimas, calmar su dolor y hacer más llevadero el trance del Calvario.

     Todo ello entre el recogimiento y respeto de un pueblo como el de San Cristóbal de La Laguna, que sabe, siente y cuida sus más puras y entrañables tradiciones, sin distinción de clases o ideas. El Cristo es el Cristo y es símbolo, referencia y sentir de y para todos los laguneros.

     La madrugada ha concluido, es mediodía y dan las doce en el reloj de la Concepción, salen por su puerta norte los hermanos de la “muy austera y muy penitencial hermandad de los descalzos”. Van de la Villa de arriba a la de abajo, van a la Catedral a visitar a Jesús en su monumento y llevan consigo a María al pie de la Cruz, madero con sudarios de Jesús descendido, María llorando piedad, María teniendo en sus brazos a Cristo que en esa Cruz perdió la vida. Le sigue la reliquia del Lignum Crucis, que como tesoro valiosísimo, el propio párroco porta con sobrepelliz y bajo palio, pedazo del madero que antes de Cristo era signo de ignominia y vergüenza y después de Cristo signo de victoria y salvación.

     Victoria y salvación de la Cruz que nos introduce en la liturgia del Viernes Santo, liturgia que venera el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo. Hoy se lee la Pasión según el evangelio de Juan (Jn 18, 1-42), lectura colectiva y emocionada, lectura que, sorprendentemente, se nos presenta como victoria de Jesús. He aquí un fragmento de ese texto:

     Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la acogió en su casa.

     Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y sujetando la esponja empapada en vinagre a una caña, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Todo está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

     Son las cuatro de la tarde, desde este templo, Procesión del Traslado del Señor Difunto, el que entregó el espíritu al Padre, lo acompañan los Santos Varones y la Soledad. Procesión del Traslado que sube la Carrera hacia la Catedral. Procesión del Traslado origen y referencia de la Procesión Magna.

     Procesión Magna que comenzará una vez el Santísimo Cristo Difunto quede depositado en la Capilla de la Virgen de los Remedios, Procesión Magna para quien nos visita, resumen plástico de lo vivido durante estos días en las calles laguneras, síntesis y catequesis externa de la Pasión y Muerte de Cristo.

     Después del desfile majestuoso de lujosos pasos, después del estallido de luz, lujo y color, que exteriormente supone la Procesión Magna, son las nueve de la noche y llega el momento que la luz se apaga. Ahora, los cofrades no van en sus distintas corporaciones, sino formando un solo cuerpo, desfilando lenta y calladamente, ya no hay música, solo silencio roto por el roce de los zapatos de los hermanos de la Sangre, o por el arrastre de las cadenas de los penitentes del Lignum Crucis. Los fieles forman una masa callada, y detrás el paso, sin trono ni basa ni altar, sólo una urna de plata sobre austeras parihuelas que portan los hombros de catorce cofrades de la Misericordia, escuchándose rítmicamente el golpear de los regatones contra el suelo y el tintinear de las campanillas. Urna donada por el pirata Amaro Pargo, cuyos restos reposan aquí, en su Santo Domingo del alma, para trasladar y acoger a nuestro Santísimo Cristo Difunto. Procesión del Silencio, procesión cofrade por excelencia. Señor Difunto, talla de un realismo escalofriante, que se une a nosotros y juntos desfilamos en la última oración del Viernes Santo. Entrada emocionada en un Santo Domingo repleto de fieles, ahora el silencio y la oscuridad nos sobrecoge. La Misericordia entrega su Cristo a la Unción y Mortaja, la hermandad hermana lo recibe con respeto y cariño, breves palabras de nuestro párroco y director espiritual, besapiés de la devota imagen y silencio final. Las cofradías y hermandades se retiran. El cansancio es manifiesto. Ha sido un día intenso, que nos ha dejado agotados, cansados, casi extenuados. Cansancio que se irá transformando en reflexión y espera de resurrección.

     Resurrección de Cristo, Sábado Santo, Sábado de Gloria, Sábado de la Pascua del Señor. Vigilia Pascual en la noche del sábado al gran domingo, toda la comunidad cristiana se reúne para cantar la afirmación central de su fe: Aleluya, el Señor ha resucitado y vive con nosotros para siempre. El grupo más fiel de mujeres seguidoras de Jesús (María Magdalena entre ellas) fueron a quines primero se anunció el gran hecho. Lo leemos esta noche en el evangelio de Lucas (Lc 24, 1-7):

     El primer día de la semana, de madrugada, aquellas mujeres fueron al sepulcro llevando aromas que habían preparado (para embalsamar el cadáver). Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

     Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo. Dijeron ellos: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO”.

     Domingo de Resurrección, ¡Cristo ha resucitado y vive!, ¡aleluya!. No tengamos miedo. Él, como Señor, camina delante de nosotros. Aleluya, alegre repicar de campanas. Eucaristía de domingo, conmemoración permanente del día en que Cristo resucitó, recuerdo permanente de cómo la muerte fue vencida por la resurrección, el desamor por el amor, la injusticia por la justicia, la insolidaridad por la solidaridad.

     En estos momentos me viene a la memoria las palabras pronunciadas por quien ocupo esta misma tribuna hace tres años, D. José Arturo Navarro Riaño, el pregonero de la Semana Santa de 1998 nos decía: en San Cristóbal de la Laguna no tenemos procesión del Resucitado, en su lugar tenemos procesión del Santísimo, expresión eucarística de que Cristo ha resucitado y vive. Tradición que se mantiene en la parroquia decana de Tenerife, después de la Misa Solemne, Jesús Sacramentado es llevado bajo palio alrededor de su Plaza de la Concepción, entre cánticos de la feligresía, hermandades y cofradías.

     La Semana Santa termina y comienza el Tiempo Pascual que culminará en Pentecostés. Nuestras hermandades, como un ciclo que se repite, comenzarán los preparativos de la próxima Semana Santa, preparativos que es compromiso de trabajo continuado durante todo el año, manteniendo encendida la luz de la fe y de la ilusión, que hacen que no decaiga nunca el espíritu fraterno que debe caracterizar la vida de las hermandades y cofradías.

     Este pregón también termina, si a lo largo del mismo he cometido errores, de obra u omisión, ruego lo entiendan fruto de mi limitación humana y sepan disculparme.

     Que el Señor, nuestro Hermano Mayor a perpetuidad, nos bendiga y nos dé la gracia de su Espíritu. Que tengamos una sentida Semana Santa y una feliz Pascua de Resurrección.

     He dicho.

Pedro Ramón Gutiérrez Hernández