Semana Mayor en La Laguna

El Día

La mística actualidad de estos días santos de la Semana Mayor lo es más, inmensamente más en la vieja ciudad canaria de San Cristóbal. Sabemos que en toda España aumenta de año en año la brillantez de la Semana Santa. Son muchas las capitales que se destacan en estas festividades tan solemnes, cuidando y mejorando sus procesiones y cofradías, sus cultos e incluso sus fiestas anexas: Sevilla, Málaga, Valladolid, Granada, Cartagena; y otras muchas más, sin que pueda entenderse que en el resto de las provincias carezca de interés, ya que, aún por pequeño que un pueblo sea tiene siempre alguna escultura interesante, llena de tradición y fervores centenarios, que realza la maravillosa suntuosidad de estos días.

La Ciudad de los Adelantados de Canarias está significada también por su esplendorosa Semana Santa; no acaso por el lujoso atuendo de sus cofradías y el ruidoso movimiento de las ferias pascuales, sino por la preocupación constante de todos sus moradores en no alterar en nada todo lo de ayer y en desempolvar de entre el olvido lo puro, lo noble, lo bueno, lo que hizo siempre de La Laguna una ciudad recoleta y romántica. Así pudo decir otrora García Ramos que la Semana Santa de su tierra es “un rosario de recuerdos”.

Las procesiones y los cultos laguneros tienen un valor extraordinario, un encanto singular. Para nosotros son los más interesantes, los más evocativos, igual que en todas las viejas ciudades románticas y misteriosas, todo tradición, recuerdo y poesía.

Ved cruzar una cualquiera de sus múltiples procesiones: todos los que en ella desfilan, desde el anónimo cargador y productor del trono hasta el más chico de los monagos que portan los ciriales, todos pasarán ante vosotros con un aire de extraña superioridad que admira. Se han identificado tanto con sus respectivos oficios que, sin hablar una palabra, nos están diciendo elocuentemente que todo el éxito de la organización y vistosidad de su procesión descansa sólo en sí mismos. Ved la simetría de que hacen gala con todo su orgullo esos traviesos rapaces que en la línea de blanca cal del centro de la calle llevan fijos todos sus cinco sentidos… ¿De quién aprendieron? El espíritu de la Ciudad se lo ha enseñado.

Creemos que La Laguna, romántica y tradicional por excelencia, es el marco más sublime para los días emocionales en que se rememora el heroísmo de una vida que se sacrifica por un ideal; en que se reverencia al primer romántico ensu ofrenda más exquisita. Es el escenario más real para las grandes sensaciones espirituales; en el recogimiento, en la paz de sus calles o bajo la grandiosa serenidad de sus templos, la tragedia de estos días tiene la mayor, toda su intensidad.

En ningún lugar del Archipiélago se siente la emoción de la Semana Santa tan fuerte, tan íntima, como en estos rincones laguneros dominados por sus viejas piedras, por sus milagrosas tradiciones, todo ello producto de la fe, de la fe de nuestros mayores, fundamento de todas sus grandezas.

Ante el paso de sus comitivas procesionales se siente el aleteo de lo sublime. En la penumbra del atardecer o de la madrugada húmeda, no se distinguen sus detalles ni colores, sólo se observa el conjunto, un conjunto estilizado. La escultura pierde su realidad; la madera se convierte por obra y gracia del momento en lo que representa, en lo que queremos que sea. Y así van triunfantes, sobre nosotros, en las procesiones laguneras, las figuras de la Pasión y Muerte del Hijo de Dios.

Sus Dolorosas nos ofrecen la maravillosa hermosura del dolor. Van llorando como tantas madres han llorado por sus hijos que un día perdieron para siempre, como llorarán las nuestras también, como nosotros lloraremos alguna vez por ellas. Participamos de su dolor, y envidiamos su valentía.

Y también impresiona el redoble del tambor destemplado marcando el paso lento de las sublimes comitivas.

Santa, admirable semana en que las más excelsas emociones dominan en todo el mundo creyente, en todos los hombres y en todos los pueblos, que también saben de estos sublimes sentimientos, de estas exquisitas manifestaciones.

La Laguna reverencia singularmente aquellos memorables días, no sólo por ser la genuina representación de la Nivaria Religiosa, sino por ser también la ciudad más exquisitamente romántica, más supremamente ideal. Y estas son sus fiestas, las grandes fiestas de los románticos, de los que viven y mueren por un ideal.

José Siverio Pérez